Peruanos contra peruanos. Peruanos atacando infraestructura estratégica que existe para su propio beneficio, incendiando sedes de Instituciones del Estado cuyo rol es preservar el orden y organización social dentro de un Estado democrático. Peruanos que se manifiestan, no exigiendo la presencia del Estado, sino rechazándolo. Que saquean o incendian el negocio del vecino que osa abrir, y lo atacan si éste decide salir a trabajar. Eso es lo que se aprecia de los desmanes que vienen ocurriendo en algunos lugares de nuestro Perú, especialmente en el sur.
¿Qué es lo que está sucediendo en el sur peruano? No es un secreto que la mayoría de ciudadanos en la Macro Región Sur, sobretodo desde el retorno a la democracia en 1980, se ha decantado a favor de propuestas izquierdistas. El histórico olvido de los sucesivos gobiernos nacionales, y la ineptitud y corrupción de sus gobiernos regionales y locales, aunado a la fama adquirida sobretodo en siglos pasados, de la presencia abusiva de la actividad extractiva, principalmente en asuntos medioambientales de impacto en las comunidades, ha servido de caldo de cultivo para que grupos radicales de izquierda tanto nacionales como extranjeros estén logrando que algunos compatriotas levanten sus banderas extremistas, hasta cuestionando su pertenencia a nuestra nación.
Unos por ignorancia, otros por resentimiento y envidia, otros por frustración ante un Estado que no cumple con su función y soluciona sus necesidades prioritarias. Unos empujados por la amenaza de quienes lideran y azuzan, o siguiendo a la masa dentro de las manifestaciones, sin saber exactamente por qué están en la calle; lo cierto es que hay peruanos que han decidido enfrentarse al poder constituido, y que en la vorágine de su protesta, no sólo están destruyendo los bienes que les pertenecen, sino boicoteando el bienestar y porvenir de sus propias comunidades, llegando incluso al extremo de abjurar de su propia patria.
En el sur del Perú, papel protagónico como azuzadores de la protesta (al punto de que en la mayoría de ocasiones se convierta en ataque y vandalismo) lo tienen los grupos de izquierda, desde los más radicales (como el MOVADEF, Sendero Luminoso, entre otros) hasta los considerados más light como Juntos por el Perú de Verónica Mendoza, y otros movimientos afines de carácter nacional y regional. Radicales y menos radicales, pero cuyo objetivo es el mismo, la toma del poder a partir de la refundación del Estado bajo principios comunistas, lo que pretenden realizar teniendo como base una nueva Constitución, la misma que pretenden alcanzar a través de su tan deseada Asamblea Constituyente.
A esta presencia “nacional”, hay que sumarle la “externa” de Evo Morales, su Movimiento MAS, su hijo recién nacido RUNASUR, así como sus aliados políticos, todos miembros del Foro de Sao Paulo, principalmente de los países que viene siendo gobernados por la izquierda: Bolivia, Argentina, Venezuela, Colombia y México.
En efecto, el boliviano Evo Morales, acaso visto reforzado su impulso en que su país perdió en La Haya su posibilidad de salida al mar soberana a través de Chile; a través de RUNASUR, pretende echar a andar sus objetivos políticos para la unión de la “América plurinacional” sobre la base de paradigmas comunistas, tan peligrosos porque no sólo suponen el desprecio de la democracia, la legalidad y los poderes constituidos, sino porque bajo el falso levantamiento de la bandera de la defensa de los derechos de las minorías, esconde ideas tan propias de la izquierda y el comunismo, que buscan generar el caos y la división como paso previo en su estrategia para la toma del poder.
En este sentido, el Perú está más que frente a una crisis política producto del enfrentamiento de la izquierda, la derecha o el centro. No se trata tampoco de una cuestión social en la medida que en estos momentos para estas personas no importan en esencia las reivindicaciones y se ha perdido la racionalidad y la razonabilidad respecto de éstas. Se está enfrentando a un claro peligro que busca atentar contra los cimientos de su existencia como Estado Nación. La relativización de los conceptos de patria, de unidad nacional y soberanía, pretendiendo elevar a grupos étnicos al nivel de naciones con el claro objetivo de provocar la división. El desprecio por el Estado Peruano representado a través del desprecio a sus Instituciones así como a los que contratan con él. Objetivos radicales de izquierda camuflados con el manto de reclamos sociales. Todo esto aunado al objetivo geopolítico de Bolivia de lograr una salida al mar; dan sentido al accionar de Evo Morales, y a su activa y continua presencia en nuestro territorio.
Ante todo esto, necesitamos, que al igual como sucedió a partir del golpe de Estado pretendido por Pedro Castillo, el Estado Peruano a través de sus instituciones y la sociedad civil reaccione. No sólo necesitamos un papel más activo y reactivo del Ejecutivo a través de la actuación de nuestra Cancillería, necesitamos que también en este ámbito la Fiscalía de la Nación intervenga. En el Perú personas como Evo Morales, son ciudadanos comunes, extranjeros que están generando ilícitos penales dentro de nuestro país, que por supuesto son pasibles de ser denunciados y pueden ser objeto de medidas coercitivas. La Fiscalía debe actuar de inmediato, y ante sus pedidos, el Poder Judicial decidir rápido. Son ilícitos de trascendencia nacional, por lo que perfectamente podrían ser perseguidos por la Justicia Penal Supranacional Peruana.
Finalmente, no podemos dejar de referirnos a la necesidad de que el Poder Ejecutivo a través de sus Ministerios del Interior y Defensa, haga respetar la ley, el Estado de Derecho y protejan las propiedades y actividades lícitas de todos los peruanos. No hace bien al Perú algunas expresiones dubitativas de la Presidente de la República. Se necesita una dirección y comando que actúe con firmeza, y que le de el respaldo a nuestra PNP y F.F.A.A. para que cumplan con su rol constitucional, en protección y beneficio de todos los peruanos y sus bienes.



