Columnista: Pablo Antonio Iglesias Palza

¿Unidos, divorciados o amigos con derechos?

Primer acto: El partido político Perú Libre anuncia que expulsará al proclamado presidente Pedro Castillo de sus filas. Segundo acto: Antes que ello suceda, Castillo presenta su carta de renuncia. ¿Cierto o falso? ¿Divorcio real o estrategia política? ¿Vladimir Cerrón presionando a Pedro Castillo en busca de mantener su cuota de poder en el gobierno? ¿Vladimir Cerrón adoptando una decisión estratégica que aleja a su grupo político de la figura de ineptitud y corrupción que hoy genera Pedro Castillo con miras a las elecciones de octubre?

Todas constituyen posibilidades ciertas a partir de algo que sí es fáctico: la separación formal de Pedro Castillo de Perú Libre.  Sin embargo, la historia de supuesto amor y odio entre Cerrón y Castillo no es nueva. Tiene varios antecedentes en este casi año que llevamos de gobierno. En esta suerte de movimientos pendulares a los que nos tiene acostumbrados Castillo en su búsqueda desesperada de mantenerse en el poder. A Cerrón lo ha negado para luego recibirlo, ha señalado que no sería ni el portero de Palacio, pero en muchas ocasiones lo ha acogido como si el líder del lápiz fuera realmente quien gobernara.

Entre los ministros y altos funcionarios ineptos, filoterroristas y/o comunistoides impuestos por Cerrón, y los cuadros presentados por el mismo Castillo y su entorno (con similares características) ha estado marcado lo que va del régimen, lo que ha contribuido determinantemente a su desprestigio y rechazo por la mayoría de la población. Y por supuesto, al mal gobierno que viene haciendo.

Y es que, pese a las supuestas señales de separación ocurridas en los meses anteriores, Cerrón y Castillo siempre terminaron reunidos y estrechándose la mano, juntos; como si sus acercamientos y alejamientos formaran parte de una estrategia destinada a desviar la atención de los peruanos de los problemas prioritarios que afronta la nación, mientras ellos se encargan de lograr su objetivo de incidir en nuestras diferencias, alargar crisis y con ello preparar el escenario para proyectos como el cambio de la Constitución.

Estos más de once meses de régimen, se han caracterizado por este jueguito que nada bueno ha aportado al país. El compromiso entre ambos al final ha terminado prevaleciendo, y los cuadros que nos han presentado como altos funcionarios, como demostración mutua de su amor, nos han llevado y nos están llevando a la debacle y desgobierno en que vivimos. A ello hay que sumarle también la contribución del sector caviar y su cuota de ministros anarquistas y progress, que han empeorado la situación.

De repente ha ocurrido en el papel un divorcio, pero en todo caso han quedado como amigos con derecho. Y esto porque ambos se necesitan. No sólo desde el punto de vista de que coinciden con las ideas anacrónicas y populistas de corte comunistoide que suelen pregonar y querer ejecutar, sino, sobretodo porque saben que de caer la presidencia de Pedro Castillo, es muy probable que ambos a cortísimo plazo, acaben en la cárcel.

Ambos necesitan del poder para preservar su libertad, y para defenderse. Cerrón ya tiene sentencias penales suspendidas, y procesos también penales de un porvenir más que oscuro para él. Castillo ni que decir. Las pruebas de corrupción que lo involucran en los casos de Puente Tarata y negociados en el MTC; más los casos de tráfico de influencias que tendría que afrontar ni bien deje la presidencia, por la actuación de sus familiares y amigos más cercanos (junto con él); pasando por el plagio de su tesis de maestría; son muestra concreta de ilícitos por los que tarde o temprano va a tener que ser sancionado. Así nos engañe diciendo de la boca para afuera que se va a someter a las investigaciones, pero en la práctica las perjudique, a través de sus abogados con estrategias que basadas en formalidades buscan impedir que lo investiguen, o con actos concretos como irse de viaje cuando tiene que declarar.

Y mientras sucede todo esto, estamos los peruanos, en un escenario en que los precios no hacen más que subir, en que campea la delincuencia, la inseguridad, la ineficiencia en los servicios que tiene que brindarnos el Estado, su falta de reacción ante la inminente paralización de sectores como el transporte o el agrario, o el atentado contra los medios de producción minera; en una coyuntura además en que no hay ni habrá a corto plazo inversión privada. En todos los sectores se percibe un desgobierno, falta de gestión y objetivos; la falta de norte desde el Ejecutivo. Tenemos un presidente a cuya ineptitud y muy probable corrupción, hoy por hoy hay que sumarle el miedo que lo domina, no sólo como el que siente el ignorante que es colocado en un puesto en el que no tiene ni idea de que hacer, sino del que sabe que ni bien salga de Palacio, va a acabar en una celda.

Miedo a la cárcel es la herramienta que ajusta el tornillo de Castillo al sillón presidencial. Esa misma sensación es la que hace imposible que Cerrón realmente se aleje de Castillo o le dé la espalda. Aunque se odien (dudo de ello) se necesitan. Y necesitan continuar en el poder.


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