Se cumplieron siete meses desde la asunción del gobierno de Pedro Castillo. Siete meses y más de constante crisis política. Los escándalos y destapes negativos del presidente proclamado y su grupo de poder son pan de cada día. No hay descanso. Una situación más grave que la otra, en hechos que involucran directamente al primer mandatario.
Parece ser que muchos peruanos se han acostumbrado a vivir en esta zozobra política. Como se dice coloquialmente, les ha salido costra frente a tanta infamia, mentira, ineptitud y corrupción. Tanto, que han perdido la capacidad de indignarse, de protestar, de reaccionar ante la injusticia y la acción delincuencial. Acaso el mejor ejemplo de lo que vengo diciendo es la actitud de los parlamentarios, especialmente de esas bancadas que no siendo la oficialista (en mi opinión ni siquiera la oficialista tiene una justificación real para defender a este régimen, pero en este caso diremos que al ser la bancada del partido que llevó a Castillo al poder, es coherente que defienda su posición) o de izquierda declarada como JPP, que abiertamente blindan al régimen; pretenden “mantenerse al centro”, en una coyuntura que merece de ellos, y de todos los peruanos, que participemos y tomemos decisiones concretas.
Tal como hemos manifestado en comentarios anteriores, consideramos que este gobierno es inviable porque en estos momentos aspirar a una gobernabilidad que permita que permita desarrollar políticas de Estado desde el Ejecutivo, es imposible. No se tiene un norte claro. El presidente sigue cometiendo los mismos errores durante los más de 200 días que va en el poder: malas decisiones, malas elecciones de personal, retardo en reaccionar ante crisis que sus mismas decisiones generan, retardo en atender las necesidades de los peruanos. Y encima, muy probablemente corrupción. Por ello, nadie confía en este gobierno, es muy difícil que alguien, aparte de sus actuales conformantes e inefables aliados de izquierda, quiera quemarse participando de él (considero que una de las consecuencias del desmadre castillista es que la izquierda peruana huele a quemado y no creo tenga opción de gobierno al menos en los próximos diez años). Es muy difícil también que alguien esté dispuesto a tender puentes para garantizar una estabilidad política. ¿Quién en su sano juicio tendería puentes con un gobierno probadamente inepto, de ideología comunistoide, falto de políticas claras y encima muy probablemente corrupto?
Cómo puede gobernar una persona que tiene tantos frentes de denuncias por ineptitud y corrupción, que debe ocupar gran parte de su tiempo en articular su defensa tanto legal como política, en vez de dirigir al país. Cómo puede gobernar un hombre que encima es incapaz de expresar una idea propia o de gobierno y que por ello también, está en manos de terceros. Cómo puede gobernar una persona que “está aprendiendo” sobre aspectos básicos de la estructura del Estado y la gestión, y que encima carga con un resentimiento social que lo inclina a un comunismo, cuyo sesgo ideológico contribuye también a que no tome las decisiones necesarias o retrase las que son evidentes que debe tomar.
Con todo lo que pasa, la actitud de la bancada oficialista y sus aliados en el Congreso, y de aquellas que se muestran indiferentes; flaco favor le hace al país. Y al mismo Castillo. Si éste, no tiene la madurez, decencia y valentía suficiente para renunciar, aquellos que lo blindan o callan, permitiendo su continuidad, presentan los mismos defectos. Y todos a su vez demuestran su poco amor e interés por el Perú, privilegiando sus intereses personales o partidarios, a los de la nación.
Por su parte, la sociedad civil en su mayoría, parece haber caído en un marasmo acaso producido por la continuidad de escándalos y descalabros del gobierno en el tiempo. Pareciera que ya nada nos sorprende, a pesar que a estas alturas, largamente hemos pasado el punto de las denuncias que son formuladas por la oposición; siendo que la fuente de información de las irregularidades e ilícitos proviene de gente que ha sido parte del mismo gobierno. Las denuncias de ex funcionarios de este régimen, como las denuncias de Karelim López, no provienen de la oposición. Provienen del mismo seno del gobierno y confirman no sólo los rumores que corren, sino las denuncias documentadas hechas previamente.
¿Hasta dónde tiene que soportar el país? Cómo es posible que sigamos permitiendo esto. Cómo es posible que por más izquierdistas que sean, sigan permitiendo que una banda de ineptos y fascinerosos nos gobierne. Es cierto que ha habido otros gobiernos que nos han robado. Pero las comprobaciones las teníamos casi en su totalidad luego que dejaban el poder. Y en su mayoría los culpables están encarcelados o procesados. En este caso no. Nos venimos enterando de los hechos en tiempo real. Estamos viendo que nos están metiendo la mano al bolsillo, que están destruyendo la institucionalidad del país, que están realizando las acciones necesarias para que sea cuestión de tiempo el fracaso económico que nos lleve a una crisis de consecuencias insospechadas.
¿Qué clase de sociedad somos que permitimos todo esto? Es claro que Pedro Castillo y su banda gubernativa van a aferrarse al cargo. El gabinete fue elegido en función de ello. Reparten cuotas de poder de tal manera que les garantice no ser defenestrados a través de la vacancia constitucional. Pues, el Congreso no debe cejar en su intento válido de que el proclamado deje el cargo. A la alternativa de la vacancia, debe apurar en paralelo los caminos de las denuncias constitucionales. Ningún tinterillo designado por el oficialismo debe impedir ni perturbar estos caminos. El bienestar y porvenir de nuestro país está en juego. No son tiempos para permanecer pasivos mientras desfalcan y destruyen el Estado, que es de todos. Cuyos recursos son de todos.
En esta tarea, también es esencial la labor seria y patriota de la prensa como líder de opinión. O reaccionamos a través de nuestros representantes y como sociedad civil, o seguiremos en la misma. Cada día peor. Algunos son pesimistas y opinan que no habrá gran reacción y todo seguirá igual hasta la próxima metida de pata del presidente o destape que se realice. Prefiero mantener la esperanza y esperar que como peruanos tomemos cartas en el asunto.



