Acaba de fallecer el más grande terrorista criminal, asesino y genocida nacido en el Perú. Este es un hecho histórico que en primer lugar nos debe hacer reflexionar como sociedad respecto del acto suicida que significa optar por seguir una corriente extrema de izquierda. Porque Abimael Guzmán es la máxima expresión del extremismo comunista. A través de su ideología marxista leninista maoista pensamiento Gonzalo, le declaró la guerra al Perú con el objetivo de destruirlo y, según él, refundarlo a partir de sus cenizas.
Esta persona, si es que le cabe el término, al mando de su grupo terrorista denominado Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso, no sólo fue responsable de la muerte violenta de más de 70 mil peruanos según cifras de la CVR, sino de más de 20 mil millones de dólares en daños materiales efectivamente producidos al Estado Peruano. Marcó para siempre y de manera negativa la vida de cientos de miles de peruanos más, que sobrevivieron y también fueron víctimas de la insanía de sus huestes que mataban en su nombre y lo justificaban con su ideología. En efecto, este terrorista y su grupo, causó un daño moral y al proyecto de vida de miles de compatriotas que sobrevivieron a su accionar teniendo que enterrar a sus padres, hijos, hermanos y allegados, así como teniendo que lidiar con secuelas de trauma emocional o físico, tanto de manera personal como a través de lesiones físicas o psicológicas de familiares o allegados.
No olvidemos, que Sendero Luminoso, tenía la desfachatez de reivindicar o reconocer las fechorías que cometían a través de comunicados panfletos o de sus denominados diarios populares, como el recordado “El Diario”. Y practicaba la política del amedrentamiento no sólo a través de los crímenes contra la vida sino con acciones como las amenazas y el cobro de cupos.
Esta lacra terrorista cuyo último rezago militar subsiste aliado con el narcotráfico en el VRAEM, hoy enfrenta al Estado de manera diferente. En la actualidad, no existe el peligro inminente de que tomen el poder por las armas. Gracias a nuestros héroes de la lucha antiterrorista, podemos salir a nuestras calles y recorrer con tranquilidad casi todo nuestro país. La estrategia de estos extremistas ha cambiado. Ahora pretenden tomar el poder penetrando nuestro sistema democrático y utilizando sus mecanismos a través de organizaciones de fachada como el MOVADEF, SUTEP CONARE y otras afines, por las cuales actúan y exponen sus ideas, así como se han convertido en actores políticos logrando incluso infestar grupos políticos supuestamente democráticos, al grado de tener a algunos de sus miembros actualmente en el Gobierno, aunque asolapados o sin reconocerlo, en calidad de ministros de Estado o funcionarios de alto nivel.
En efecto, este Gobierno de perfil comunista, se constituye en pasto para esas llamas. De hecho, la muerte d Abimael y el aniversario de su captura se da en un contexto en el que tenemos un primer ministro admirador d estos terroristas (de lo contrario quien se toma fotos con las imágenes de la bandera de Sendero Luminoso y del “presidente Gonzalo” idealizado como líder del grupo terrorista) ministros como Iber Maravi, vinculado directamente como autor de atentados o congresistas como Bermejo, con abiertas simpatías y vínculos documentados con los miembros del grupo comunista terrorista fundado por el difunto.
Los nombrados, serían sólo la punta del iceberg. De hecho, existirían varios elementos identificados con ideologías extremistas, que no sólo son cercanos, sino que participan de este gobierno. En el caso de los ministros mencionados, a pesar de que han sido expuestos documentadamente ante la opinión pública, demuestran no tener sangre en la cara y se mantienen en sus cargos. Esto lo pueden hacer, porque cuentan con el respaldo por un lado del partido oficialista Perú Libre y su líder, del presidente de la república, y también con la tibieza de reacción de los grupos opositores y de la sociedad civil.
Hay que tomar en cuenta que el ministro de pasado terrorista es amigo personal del presidente de la república, quien no duda en defenderlo incluso en calles y plazas, aduciendo que no lo es y pidiendo q “le muestren sentencias que lo declaren terrorista”. Una vez más demuestra su ignorancia. En este caso no estamos ante un caso legal de debido proceso frente al que se alega presunción de inocencia. Aquí estamos ante funcionarios que encabezan los órganos de gobierno y como tales deben ser idóneos para ocuparlos. En este sentido, un funcionario idóneo, no sólo es quien no tiene condenas, sino también quien posee la preparación necesaria, y la imagen que necesita un cargo elegido por quien ostenta poder político. Bajo este orden de ideas, no pueden ser miembros de los más altos cargos del Estado, quienes documentadamente son cuestionados por atacarlo y pretender destruirlo.
Frente a esto, como sociedad debemos agotar nuestros esfuerzos para que estas personas y/o su influencia desaparezcan para siempre no sólo del gobierno, sino de nuestro país. Estamos a tiempo de activar los mecanismos democráticos para expectorar a esta lacra del gobierno. En este sentido, nuestros representantes deben actuar con firmeza, con la seguridad de que detrás de su accionar, tienen el respaldo de millones de peruanos que reclaman por mantener la senda del progreso en un escenario en el que no se exploten nuestras diferencias ni se pretenda restringir nuestra libertad, sino que se utilice ésta, junto al accionar de un Estado que sea más eficiente, para propugnar la mejora en las condiciones de vida de la mayoría de peruanos.



