Columnista: Fernando Arce Alvarado

Desde hace décadas, la pobreza se mide de forma multidimensional. En América Latina, el enfoque de necesidades básicas insatisfechas surge como respuesta a la insuficiencia del ingreso monetario para reflejar fielmente esta realidad. Por ello, los Estados miembros de las Naciones Unidas reconocen que erradicar la pobreza es el mayor desafío global y afirman que sin lograrlo, no hay desarrollo sostenible posible.

Una de estas dimensiones está incorporada en el Objetivo de Desarrollo Sostenible cuarto( ODS4): Educación de calidad. Este objetivo plantea el reto de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y de ampliar las oportunidades de aprendizaje, especialmente en sectores donde la pobreza y el abandono escolar son elevados. Superar esta barrera exige mejorar las habilidades digitales, como vía esencial para lograr una conectividad universal e inclusiva.

El acceso a internet es hoy un componente vital para el progreso social y económico. Sin embargo, esta necesidad aún no se traduce en realidad para millones, debido a una profunda brecha digital. En las zonas rurales, esta desigualdad se acentúa por la falta de infraestructura, el aislamiento geográfico y las limitaciones económicas. La desconexión digital restringe el acceso a información, servicios y educación, afectando directamente el desarrollo de sus comunidades.

Además, a esta brecha se suma el desafío de la alfabetización digital, que implica desarrollar competencias tecnológicas para usar estas herramientas de forma significativa en el aprendizaje, el trabajo y la vida diaria.

Según un informe de la Defensoría del Pueblo (2021), la falta de acceso sostenible a internet y tecnologías es uno de los principales obstáculos educativos. Muchas escuelas rurales no cuentan con computadoras, conexión ni recursos digitales, lo que limita gravemente las posibilidades de aprendizaje. La CEPAL (2020) señala que el 90% de los hogares rurales en América Latina carecen de conexión, siendo los más afectados los niños de entre cinco y doce años.

Ante esta situación, urge actuar. La escasa infraestructura es un reto clave que exige innovación y sinergias entre el sector público y privado. Es indispensable adoptar modelos que permitan compartir recursos, reducir costos y extender la conectividad a las zonas más apartadas.

El impacto del internet va más allá de la educación: permite el acceso a clases virtuales, materiales en línea y conexión con el mundo. También transforma el acceso a la salud, gracias a la telemedicina, evitando traslados largos y brindando información confiable para decisiones informadas sobre el bienestar.

Superar la brecha digital rural es un reto complejo, sí, pero no inalcanzable. Con soluciones tecnológicas adecuadas, modelos innovadores y un enfoque firme en la alfabetización digital, podemos llevar los beneficios del internet a cada rincón del país. Con voluntad y colaboración, construiremos un futuro donde nadie quede atrás, porque el internet no es solo una herramienta, es la llave para abrir las puertas del conocimiento, la salud y el desarrollo.


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