“Buscaré otro mundo lejos del sol, en las estrellas. Un lugar donde siempre brille la luz en las tinieblas. Viviré donde el tiempo no pasará, en las estrellas”
(Canción ‘Cerca de las estrellas’, grupo pop español ‘Los Pekenikes’. 1969)
El último miércoles 2 de marzo partió a otra dimensión el amigo hermano Juber Joel Ibazeta Marino. Entrañable ser con quien junto a un singular grupo de padres de familia del CEP San Agustín de San Isidro, desde junio de 1992 dimos inicio a una trayectoria de vida amical, familiar, institucional, aún vigente.
Gracias al fútbol y siendo el deporte parte de la formación de nuestros menores hijos, participamos en el Torneo Confraternidad del referido colegio, enfrentando a poderosos cuadros que tenían entre sus filas a connotados ex futbolistas profesionales; un hermoso compromiso para volver a vestirnos de corto, un gran reto igual, pero jugando como niños, corriendo tras la pelota, volviendo a sudarla esa camiseta azul y negra.
Con el paso del tiempo, ya no existe dicho campeonato, se desintegraron los buenos equipos, pero aquel cuadro que lleva por nombre los cien años de existencia del mencionado centro educativo, sigue vigente. Pintando pelos canos, más arrugaditos, calvos los ‘chiquiviejos’, pero siguen corriendo tras el balón.
Hasta entonces ya nos habían dejado algunos integrantes centenarios, hasta que en la noche del pasado miércoles, de manera insospechada nos dejó uno de los pilares. Aquel abogado de profesión quien llegó a ser presidente de la APAFA del referido ente educativo, dejó su último suspiro en pleno campo de juego.
Tantas lecciones las que nos deja Juber, con una trayectoria de vida ejemplar, haciendo teoría y práctica con sus propuestas visionarias, consolidando profesionalmente a sus vástagos, siendo reconocido en muchos ámbitos, laborales, profesionales, académicos; con un don de gente exclusivo.
Así, hoy que ya no está, lloramos su partida, y como dijera en su momento el también centenario jugador Pablito Salazar: “… esa cofradía de amigos de diferentes estaturas, pesos, apodos y oficios, jamás hubiéramos imaginado hasta donde llegaríamos, superando los avatares del destino, surcando el tiempo ese grupo de luchadores; transportando y cuidando con orgullo aquel nombre ¡Centenario FBC!”. Tesoro intangible, maravilloso, patrimonio terrenal que ahora él se llevó a la eternidad.
Cómo te extrañaremos flaco lindo, con tus corridas y goles que celebrábamos en el campo, en las tribunas y en nuestros hogares; entre copas, vinos, y tertulias distinguidas …. Descansa en paz y anda haciéndonos ambiente en esa inmensidad divina.



