Columnista: Pablo Antonio Iglesias Palza

El gobierno de Pedro Castillo cumple sus primeros seis meses estrenando su tercer gabinete, y bueno fuera que con esto cesara la sucesión de escándalos. El presidente proclamado sigue en la misma, cometiendo los mismos “errores” al elegir personas inidóneas, sobretodo para altos cargos, sin aclarar su vinculación a casos de corrupción que prácticamente a diario vienen saliendo a la luz, y sin que se constituya como el líder que la nación necesita. En efecto, el país no tiene un rumbo, un objetivo definido. Desde el sillón de Pizarro se proyecta una imagen de ineptitud, desconocimiento hasta de la organización básica del Estado, falta de capacidad para ejecutar y decidir; y para ponerle la cereza al pastel, altos indicios de corrupción.

Cuando hablamos de nuestro gobierno nacional, en vez de referirnos a cómo mejorar la educación o la salud, o construir más carreteras o infraestructura que necesitamos para desarrollarnos, o cómo generar inversión y empleo. En vez de ver como hacemos para mejorar la capacidad de ejecución y gestión del Estado, ocupamos nuestro tiempo en cada metida de pata del presidente, en ver en que nuevo acto de corrupción está inmiscuido o cuál es el prontuario de los ministros y altos funcionarios que elige.

Pedro Castillo presenta índices de aprobación propios de un cuarto año de gobierno, y cada día que pasa su legitimidad disminuye. Sin embargo, aún un buen número de peruanos, pese a todas la evidencias, por desidia, necedad o negación, continúa de manera expresa o tácita avalando a través de la inacción, la indiferencia y la creencia equivocada de que al caer sombrero, asumiría necesariamente un grupo de corruptos, la continuidad de éste.

Como varias veces hemos manifestado, consideramos que este gobierno no da para más. Advertimos del riesgo desde antes de la segunda vuelta. Transcurrido este tiempo lamentablemente apreciamos que todo lo que anticipábamos se viene cumpliendo. Hoy somos más pobres en un país con menos posibilidades para generar circuitos económicos beneficiosos para su población. Con una sociedad polarizada en un escenario producido y azuzado desde la propia cúpula del Ejecutivo. Con una institucionalidad cada vez más desprestigiada, situación agravada no sólo por la ineficiencia de sus entidades como expresiones del Estado para satisfacer las necesidades de los ciudadanos y supervisar el correcto funcionamiento de los mercados y de las entidades públicas y privadas, sino también por el ataque que realiza el propio gobierno a través de los nombramientos de personas inidóneas en los altos cargos o el tráfico de puestos públicos.

La sensación de caos, de desconcierto, de que vivimos en un barco a la deriva, va en aumento. Las preguntas sin respuesta. Los hechos de corrupción no explicados o que se pretenden ocultar con silencio, cantinfladas y necedades. Todo ello debe hacer que nos cuestionemos cuál es nuestro límite. Nada parece ser suficiente. Si bien en el Parlamento la dictadura de los votos indica que no se llega al número que se necesita para la vacancia constitucional por incapacidad moral, a partir de las conocidas y sorprendentes declaraciones del presidente ante un periodista de CNN International respecto de varios temas, pero esencialmente por su ofrecimiento de salida soberana al mar a Bolivia, se abre también el camino de la denuncia y acusación constitucional, el mismo que si bien constituye un procedimiento más largo que el de la vacancia, concluye con una votación por la destitución que sólo necesitaría la aprobación de la mayoría de congresistas asistentes a la misma. Si bien, existe la discusión legal respecto de la consumación del ilícito por parte del presidente proclamado, es cierto también que el Congreso no deja de ser un escenario político y que sus procedimientos y decisiones no están sometidas estrictamente a las reglas de los procesos legales. En ese sentido, consideramos factible este camino también.

Mientras escribimos estas líneas, ya ha ingresado al Congreso de la República una denuncia constitucional contra el primer mandatario, y una vez más, esta vez Renovación Nacional como bancada, señala que promoverá otra moción de vacancia.

Si la representación congresal en su conjunto demostrara un mínimo de aprecio por su país, de sentido común y de decencia política; sobretodo aquellas bancadas y congresistas que con su oposición a la salida o silencio blindan a Castillo, hace rato que éste hubiera sido enviado a su casa. Aquí pareciera que tuviera que explotar una bomba nuclear para que se decidan a cumplir con su deber histórico de librar al Perú de la banda de malhechores que ha tomado el poder. Precisamos también que la oposición haga política, e intente atraer a las bancadas y parlamentarios “indecisos” a la causa de la democracia y la libertad.

No sólo los congresistas, sino los ciudadanos, como sociedad civil, tenemos el deber moral de defender nuestra patria y apoyar los esfuerzos por tener un gobierno verdaderamente democrático, que respete la libertad de los ciudadanos y que trabaje por mejorar su capacidad de ejecución, supervisión y gestión.

No es cierto que si Castillo es defenestrado necesaria y automáticamente la conducción del país recaiga en personas vinculadas a la corrupción. Lo que debe producirse es nuevas elecciones donde los ciudadanos tengamos la oportunidad de elegir entre alternativas nuevas. Es nuestro deber ser más diligentes al momento de votar. Y no creo que ninguno de los candidatos a elegir sea peor que el mandatario de turno. Considero también que los peruanos, luego de haber sufrido estos meses a un gobierno destructivo, populista y comunistoide, con mayor razón tendremos más cuidado al elegir.

A las dos alternativas aquí referidas, se le suma una tercera, la renuncia. Siempre es una posibilidad, aunque en mi opinión poco probable dado que lo más seguro es que Castillo, una vez que deje el poder, sea procesado junto a sus cómplices y acabe en la cárcel. Y esto él lo sabe.

En estos tiempos en que el fútbol de la selección nacional es noticia, la afición deportiva constituida por millones de peruanos, comenta que cada vez que el jugador ítalo peruano Gianluca Lapadula arriba convocado a nuestro país, ocurre un suceso político de relevancia. Desde la vacancia de Vizcarra, pasando por la caída de ministros y cambios de gabinete. Esta vez no ha sido la excepción. Quién dice que en su próxima venida se nos adelanta el milagro de octubre y se produce el cambio que millones esperamos. Que Lapadula y los otros seleccionados nos clasifiquen al mundial, y que logremos extirpar el cáncer que nos gobierna, constituiría una feliz coincidencia, y una esperanza de cambio para mejor, que esperamos millones de peruanos. Para lograr ambos objetivos, hay que trabajar unidos y con convicción. Hay que despertar y actuar comprometidos con nuestro Perú.


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