Estamos cumpliendo cinco años de crisis política prácticamente ininterrumpida en nuestro país. Algunos dicen que más, puesto que cuentan desde que PPK le ganó las elecciones a KF y no desde que tuvo que renunciar a la presidencia.
De estos cinco años, los nueve últimos meses corresponden al Gobierno de Pedro Castillo. ¿Hemos mejorado en algo? No. Por el contrario, la crisis política se ha agudizado, y en estos momentos nuestro país vive también una crisis económica y social.
Hemos largamente expuesto (revisar mis artículos anteriores en eldiariodelima.com), al igual que muchos, las razones por las que Pedro Castillo y el grupo que lo circunda, nunca debieron llegar a ser Gobierno. El hecho es que lo hicieron para terminar de descalabrar a este país que de ser catalogado internacionalmente como emergente, con posibilidades de alcanzar un desarrollo que lo acerque a estándares de primer mundo; hoy es visto con la preocupación de que se convierta en una república bananera inviable.
Es increíble la manera en que como sociedad nos hemos dejado estar. No nos hemos preocupado por educar a nuestra población (con negligencia o a propósito es algo que dejo a la consideración del lector) respecto de los procesos históricos que ya se han vivido en nuestro país, y en el mundo. Hemos dejado que se resquebrajen en el discurso y en la práctica los pilares de nuestra sociedad como son la familia, la identidad con la patria como factor de unidad, y nuestras tradiciones; para dar paso a las ideas progresistas, del socialismo del siglo XXI entre la gente más educada, y las ideas comunistas entre los menos instruidos, resucitadas a través de discursos trasnochados y populistas que se aprovechan de su necesidad.
Junto a esto, lo no conseguido en estos años y el antifujiaprismo, ha traído como consecuencia que elijamos como presidente a una persona que acaso es la expresión de todo lo que no debe presentar quien ostente la primera magistratura del país. Un revoltoso de plaza, tira piedra, inculto, incapaz, no sólo porque no presenta una preparación mínima para dirigir un Gobierno Nacional, sino porque parece que ni siquiera es capaz de hilar y transmitir adecuadamente una idea, o de entender algunos conceptos y procesos básicos y mínimos para gobernar. Para lo que sí ha demostrado capacidad es para destruir, para generar el caos. Aunque, a la luz de los acontecimientos, permítanme hasta dudar si es que esta es una “capacidad” que debemos reconocerle a este individuo, o responde a un plan de quien más que parece es quien gobierna realmente el Perú: Vladimir Cerrón. A favor de Castillo, debo decir que la imposibilidad de transmitir ideas, la ignorancia que salta a la vista (como que existen 1,200 países, que Rusia está en guerra con Croacia o referirse a Santiago como a una persona y no como la capital de Chile, entre otras célebres perlas) no creo sea forzada, sino que es natural. Y esto, en mi opinión, perjudica las intenciones de Cerrón, puesto que contribuye a quitar legitimidad a su propuesta. Y es que no es suficiente tener un títere que haga lo que uno quiere, si es que se trata de la presidencia del Perú, sino que es necesario que al menos quien dé la cara, proyecte un mínimo de solvencia. No es el caso de Castillo.
Como peruanos, debemos agradecerle a Dios o a la providencia, que luego de la equivocación que ha sido su elección, y de comprobar que es imposible que pueda hacer un buen gobierno, este hombre presente estas características. Esto porque nos ha permitido apreciar, darnos cuenta de manera indubitable, que es un incapaz y que quien hoy está tomando las decisiones, quien tiene el timón del barco, es Vladimir Cerrón.
Veo tan inepto al proclamado, que hasta dudo que en los evidentes actos delictivos en que está involucrado, haya actuado conciente de la gravedad que supone su desempeño en los hechos denunciados.
Sin embargo, las pruebas conocidas proyectan lo contrario. A una persona actuando con una intención, bajo premisas de connotaciones ilícitas.
Y no sólo es la cabeza del gobierno, también el partido político que lo llevó al poder y su entorno más cercano (los chotanos) quienes comparten estas tristes características. Es en conjunto un gobierno con nada que destacar. Un perjuicio para la nación que estamos demorando en defenestrar.
El camino más simple y evidente es la vacancia. Sin embargo, la cantidad de votos, el orgullo, necedad y muy probable interés subalterno de algunos congresistas, evita que se llegue al número que se necesita. Ante esto, estos últimos días parece estar logrando consenso el adelanto de elecciones, dado que los votos que se necesitan serían 66, lo que es más fácil de sortear que los 87 de la vacancia, considerando además que al necesitarse dos votaciones en legislaturas distintas, estamos cerca de terminar una y podría llevarse a cabo la segunda votación al comenzar la siguiente, o en vez de ésta ir a consulta popular para no tener que ir a segunda votación, aprovechando la fecha de las elecciones regionales y municipales.
Así, esta opción parece estar tomando cuerpo, con el apoyo de diversos grupos políticos, incluidos parlamentarios del Partido Morado, Podemos y algunos del mismo Perú Libre. Pues, si este es el camino para que la banda y su cabecilla que nos gobierna se vayan, vale la pena apostar por él. Mas, estos días, las fuerzas políticas en el Congreso deberán buscar un entendimiento, respecto de quien asumirá el gobierno mientras se lleve a cabo el proceso eleccionario y hasta que asuma el nuevo presidente (me parece inviable e inaceptable que se pretenda que Pedro Castillo permanezca y entregue el poder a quien lo reemplace), de que se lleven a cabo las reformas constitucionales necesarias para que se produzca el adelanto tanto de la elección presidencial como congresal, de que se lleven a cabo mínimas reformas en el sistema de representación, básicamente la reelección congresal, el aumento de congresistas y de la manera de elegirlos para que la población esté mejor representada, y por qué no, aprobar la bicameralidad.
Titánica tarea la que le espera a nuestras fuerzas políticas. Se necesita de mucho desprendimiento y que prioricen los intereses del Perú. También de la sociedad civil, de la prensa. Que todos tiren el carro hacia el mismo lado. Este país no soporta un día más bajo este régimen. Es imprescindible que se actúe rápido y diligentemente. Y sin descuidar a Cerrón y sus intenciones. Nos estamos jugando el futuro del país. Hay que apoyar a quienes impulsen una decisión democrática y que permita reconducir al Perú hacia la senda del desarrollo, con libertad y también con la preocupación verdadera en nuestros compatriotas más necesitados.



