En estos momentos vivimos la post sala de lo que fue el otorgamiento del voto de confianza en el Congreso de la República al gabinete presidido por el señor Guido Bellido.
Dicho suceso ha sido celebrado como un triunfo por el partido de gobierno, y un espaldarazo para este régimen que recién comienza. Al respecto, considero que son dos los factores que han propiciado q se le otorgue el voto de confianza a este gabinete.
En primer lugar, el hecho que nos encontremos al inicio de un periodo de gobierno presidencial. Si bien el grupo que acaba de llegar al poder comienza provocando al Congreso en su intención de eliminarlo, dado que supone un obstáculo para el desarrollo de sus políticas de gobierno, con la elección de personas cuestionadas moral y legalmente, como es el caso del premier y al menos cuatro de los ministros designados; merecería de parte del Legislativo, una oportunidad para por lo menos apreciar el desempeño del Ejecutivo en estos primeros meses y si es que logra afianzarse y en el camino cortar la situación d incertidumbre y zozobra social, política y económica en la que nos encontramos.
El hecho es que, por las señales que hasta la fecha transmite el gobierno entrante, parece mínima la esperanza de que esto último suceda. Sin embargo, es claro que la mayoría congresal se ha decantado por el voto a favor, movida también por un instinto de sobrevivencia y siendo consecuente con el juego político por el que estratégicamente no le convenía quemar su primera bala con una denegatoria, que pondría al Parlamento, en estricto análisis constitucional, a tiro de disolución.
En segundo lugar, de la participación de los grupos políticos en el procedimiento parlamentario para el voto de confianza, podemos apreciar que en el Legislativo, además de Perú Libre, Juntos por el Perú y la coalición Somos Perú - Partido Morado, habrían en grupos como Alianza para el Progreso y Acción Popular, sobretodo en este último, parlamentarios provincianos más cercanos a las propuestas políticas de izquierda que pregona Perú Libre que a iniciativas propias de los grupos que hoy son de oposición. Esta situación es trascendente en la medida que nos advierte lo que puede ser la correlación de fuerzas y el comportamiento de los congresistas al interior del Parlamento durante los próximos cinco años. Tendríamos, al igual que lo que vemos hoy en las calles, un Legislativo dividido y polarizado y con una paridad de fuerzas que va a impedir o va a hacer muy difícil que prospere cualquier iniciativa que necesite de mayoría absoluta en las que las posiciones se presenten encontradas, como pueden ser votaciones por una vacancia, modificaciones de la Constitución o las elecciones de los miembros del Tribunal Constitucional.
Si bien los juegos y entramados de la política no son estáticos y las situaciones pueden cambiar en días o semanas, el triunfo del grupo de gobierno, más que en el hecho en sí del voto de confianza, radica en que, por lo menos en estos momentos de inicio del régimen, tienen la capacidad de neutralizar al Congreso, en su posibilidad de servir de muro u obstáculo para su gobierno, sobretodo en situaciones en que no se exija en las votaciones mayoría absoluta.
Es cierto que todo esto recién comienza. La delegación de facultades solicitada, y la posibilidad de interpelar y censurar uno a uno a los ministros cuestionados, es el camino que parece intentará a cortísimo plazo la oposición. Veremos que pasa.



