Columnista: Pablo Antonio Iglesias Palza

Es momento que los pecadores expíen su pecado

El Congreso de la República, como colegiado, no pudo sacar adelante la vacancia constitucional del presidente proclamado. Este segundo intento de salvar al Perú de lo que viene siendo un camino al abismo, fracasó, y la consecuencia, a parte de un creciente desaliento en gran parte de la población, es que tendremos que sufrir hasta nuevo aviso, de la ineptitud, populismo y corrupción de Pedro Castillo y compañía.

El Perú, parece haberse convertido en tierra de nadie. La sensación de desgobierno cunde. Bloqueos de carreteras, toma de instituciones públicas, escasez de productos de primera necesidad, precios exorbitantes de combustibles y alimentos; y todo en sólo 8 meses del nuevo régimen en el poder.

Desde este espacio, advertimos de todo esto, dado que la consecuencia lógica de poner en el gobierno a un grupo de improvisados, ineptos y prontuariados, era precisamente lo que venimos viviendo. Y pinta a que se va a poner peor.

Porque el fracaso en la defenestración del proclamado, es percibido como un triunfo por el gobierno y sus aliados. Y es que si los gravísimos cuestionamientos, la gran mayoría documentados, que recaen directamente sobre el presidente y su cúpula, no han sido suficientes para que los grupos políticos en el Parlamento, y la sociedad civil en las calles, se encarguen de sacarlo del poder, nada parece poder hacerlo.

Esto, ha afianzado la actitud necia y cara dura del régimen. Por ello, se atreven a decir que el pueblo coma pescado en vez de pollo, o a que la desesperación de la población por el alza de los alimentos y combustibles (que no es insignificante, es considerable) es provocada por los grupos económicos de siempre que son “enemigos del pueblo”.

Realmente la actitud de Pedro Castillo y su gobierno es inaudita. Se sigue burlando de la inteligencia y necesidad de los peruanos. Escucharlo, es acudir a un discurso de un sindicalista que no es más que un agitador con pocas luces. Pareciera que se encontrara en campaña o en una de sus huelgas, y no dice y mucho menos hace lo que corresponde a un presidente. El Perú, cada día que pasa se convierte en un lugar caótico. Algunos piensan que esto es al propósito, como parte de esa ideología comunista que subyace a los que gobiernan que buscaría a partir del caos generado un “cambio radical” vía la toma de las principales instituciones estatales y la asamblea constituyente para una nueva Constitución.

Al observar a Castillo, dudo que tenga esta intención, dado que demuestra ser una persona tan poco agraciada intelectualmente y tan pobremente preparada, que es difícil que de un ser así salga una elucubración tan potente. Sin embargo, no debemos olvidar a las personas de izquierda que sostienen a este gobierno. No debemos olvidar que este gobierno es de izquierda, más o menos radical, pero de izquierda. Y que una vez asegurada políticamente en el Congreso su permanencia, éste gobernará con los modos de la izquierda.

Es decir, discursos populistas donde dirá lo que le gusta a la tribuna, diciendo que están con los más necesitados mientras gozan de los beneficios del mercado, políticas de gobierno destinadas al control de todos los ámbitos de la vida de la población, concentración del poder real en pocas personas, pocas luces para hacer crecer la economía y generar la inversión que se necesita, preocuparse más en lo que gana el prójimo que en generar las condiciones para que los peruanos trabajen, produzcan, generen más trabajo y circuitos económicos beneficiosos; incrementar la carga tributaria de “los ricos” (que en realidad en su mayoría se trata de la clase media) mientras el gran porcentaje de PEA informal continúa actuando en la impunidad, entre otras intenciones características.

El intento de aplicación de este tipo de políticas y en sentido lato, cualquier acción de este Poder Ejecutivo, para agravarlo todo, tiene como conductores a los cuadros puestos por este gobierno, que se caracterizan en muchos (diría demasiados) casos por su inidoneidad y antecedentes delictivos, así como obviamente por un sesgo ideológico. Personas que en muchos casos han sido puestas en los cargos, para que le sirvan de válvula de escape y protección al mismo Castillo y la camarilla que lo circunda o como devolución de favores, más que pensando en el éxito de la gestión en beneficio de los ciudadanos.

Con todo esto, el panorama que se cierne sobre el Perú es sombrío. El Congreso, luchando contra sus propias limitaciones e intereses de varios grupos, al menos puede lograr, como ya hemos manifestado varias veces, censurar a los ministros impresentables y servir de valla a proyectos comunistas y populistas. Fiscalizar y exponer casos de corrupción. Pero no es suficiente. Porque el país, se encuentra rumbo a la debacle social y económica, si no se actúa responsable y oportunamente.

La convulsión social está en aumento. Castillo, su premier y otros voceros, no pueden seguir engañando a la población, que parece ir despertando. Quienes están en las calles y carreteras, sobretodo en el interior del país, son muchos de los que votaron por el señor Castillo. Acaso su mismo electorado desengañado sea el que tenga que venir a Lima, para no hacer una marcha paseo del Campo de Marte a la Plaza Grau, sino para marchar a Palacio y contribuir determinantemente al fin de este régimen.

Que en nuestro Perú, no sólo justos paguen por pecadores. Sino que quienes fueron responsables de poner a la banda de Castillo a gobernarnos, sean ellos mismos quien, con la ayuda de todos los demás, juntos como compatriotas que somos, nos encarguemos de que se vaya. Peruanos de todos los rincones de la patria, los estamos esperando.


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