Columnista: Pablo Antonio Iglesias Palza

La cruel metáfora de un derrame

El desastre ambiental de Ventanilla, un manto negro de petróleo derramado, cubre varios kilómetros cuadrados de nuestro mar con la consiguiente afectación de la flora y fauna de la zona. Hasta este momento, la respuesta de la empresa privada responsable resulta ser tibia, y la reacción del gobierno a través de las entidades del Poder Ejecutivo, también.

Mientras tanto, los inefables líderes de opinión rojicaviares aprovechan para despotricar de la Marina de Guerra del Perú, achacándoles responsabilidad, haciendo eco de los descargos, que acaso son más que excusas y pretextos, realizados por la empresa privada antes referida, como si en una actividad tan delicada y técnica, no tuviera que observar el cuidado debido, que pasa por poner el personal experimentado y capacitado, así como utilizar la tecnología y herramientas requeridas para una operación, que si no se hace con diligencia y de la manera adecuada, puede acarrear consecuencias como las que ya son de dominio público.

Triste metáfora de lo que viene sucediendo en el país. Un presidente y su gobierno que con su accionar, constituyen un manto negro que cubre nuestra realidad, con una sucesión de decisiones erradas, que no manifiesta un rumbo definido, con políticas públicas poco claras, un alto tufillo comunista y en algunos casos filo terrorista, graves sospechas de corrupción; y que se ha convertido en una mega agencia de empleos, en donde los elegidos son precisamente aquellos que carecen de preparación y experiencia o tienen antecedentes de haber cometido ilícitos. Desastre frente al cual, no somos capaces de reaccionar como sociedad y ponerle coto.

Precisamente de estos últimos casos, un ejemplo de un organismo del gobierno central sirviendo de agencia de empleos, es el que venía siendo expuesto por los medios independientes y democráticos, en el Ministerio del Ambiente. Oh, triste coincidencia, la cartera que debe jugar un rol fundamental en la reacción del gobierno frente a la catástrofe señalada. Pues todo hace indicar que sufriremos las consecuencias de la presencia de personal inidóneo en este sector. Hasta el momento no se ve una reacción rápida y contundente por parte del gobierno, haciendo uso de los mecanismos de sanción administrativos que la ley le permite. Esperemos que, al menos en las tareas de remediación del impacto ambiental, estos días veamos acciones efectivas por parte de nuestras autoridades.

La empresa privada responsable, debe hacerse cargo de este desastre. Por políticas de responsabilidad social y por principios, debe actuar sin esperar que el Estado se lo requiera, y sin aprovecharse de su incapacidad o lentitud en sus procesos de remediación y sanción.

Sin embargo, la actitud de la empresa parecería, al menos en un inicio, buscar la impunidad a través de echarle la culpa a la naturaleza o a organismos estatales. Precisamente necesitamos que el Estado haga su tarea como supervisor de la actividad privada, conductor de sectores como Ambiente y Energía y Minas, así como eventual sancionador. No coincidimos con aquellos que aprovechan esta situación para condenar la actividad extractiva y en sentido lato a la actividad empresarial privada que se realiza en el país. Al respecto, debemos precisar que el derrame se ha producido descargando el combustible que se importa para consumo doméstico. No lo ha producido una minera ni una petrolera como parte de su actividad de extracción y exportación del producto.

Bajo este orden de ideas, es una vez más condenable el pronunciamiento de algunos líderes, sobretodo los más retrógrados de izquierda, pretendiendo desprestigiar a la actividad empresarial privada, generalizando tendenciosamente en pro de favorecer argumentos trasnochados y que han sido sustento de una ideología que ha fracasado en cada lugar en donde se ha aplicado. Más bien, este caso, lamentable por donde se le vea, es una oportunidad para que el Estado demuestre y fortalezca su capacidad de gestión y reacción. El marco jurídico existe y permite tomar decisiones oportunas. La negligencia de uno, grande o chico que sea, no justifica que se condene precisamente lo que se debe impulsar. La iniciativa privada tan necesaria para activar la economía, generar trabajo y divisas para el país.

En cuanto a nuestro presidente, acudimos una vez más a unas declaraciones inentendibles, una cantinfleada carente de sentido, en lo que suponemos quiso referirse al siniestro que hemos referido. Esperemos que la acción del gobierno no se encuentre al nivel intelectual y de expresión oral del primer mandatario.


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