Columnista: Pablo Antonio Iglesias Palza

La oportunidad perdida de la vacancia y cómo el cálculo político, una vez más, se antepone a los intereses del Perú

46 votos a favor, 4 abstenciones y 76 en contra. Así terminó el primer pedido constitucional de vacancia presidencial. No siendo admitido por una importante mayoría en el Congreso.

Muchos entendidos señalan que esta situación, fortalece la posición del presidente y su gobierno. Es lógico concluir ello luego de observar cómo se han desarrollado los acontecimientos en estos últimos días. Y es que la moción de vacancia, pasó por diferentes momentos, el inicial en el que parecía una aventura aislada de su presentante, ni siquiera apoyada por su propia agrupación política, un segundo momento en que el requerimiento pareció prender con el apoyo de las bancadas denominadas de derecha y el empuje de una coyuntura que a diario nos muestra errores y actuaciones inidóneas e incorrectas del presidente. Y un tercer momento, en que a partir de las expectativas generadas y no cumplidas por un reportaje de un canal de televisión, la mayoría de grupos políticos del Congreso (y habría que decir que al igual que estos, muchos peruanos) concluyó que no había mérito para vacar.

Así, hasta antes del domingo que pasó, parecía que si bien no alcanzaban los votos para vacar, por lo menos sí alcanzaban para admitir a trámite la moción y así generar un espacio (en mi opinión hubiera sido una buena oportunidad) para que el presidente vaya y rinda cuentas al país, no porque esto sea una obligación (es claro que de acuerdo a ley el presidente no puede ser interpelado por el Congreso) sino porque políticamente era necesario y le convenía, dada la avalancha de noticias que cuestionaban y cuestionan no sólo su idoneidad para el cargo, sino su capacidad moral para mantenerlo.

Incluso, luego de la propalación del reportaje de las reuniones fuera de agenda del presidente en la casa de Breña, sumado a otras investigaciones periodísticas que evidencian un tráfico de influencias y fuertes indicios de corrupción al más alto nivel del Ejecutivo, acaso teniendo como caso abanderado el del asesor personal del presidente, Bruno Pacheco; se llegó a un “clímax” vacador, o a un “casi clímax” vacador cuya efectivización, no se tiene claro exactamente por qué ni en qué momento, se ató a la propalación de un reportaje en el programa televisivo Cuarto Poder.

Y en esas horas, corrían rumores a todo nivel, mientras el entusiasmo de los peruanos a favor de la vacancia, expresado en medios, sobretodo en las redes sociales, contrastaba con el silencio de aquellos empecinados en defender este régimen y sus aliados. Se respiraba por parte de estos últimos un tufillo de temor y resignación por lo que pudiera venir. El mismo presidente en una declaración desde el Cuzco nos demostraba este temor, e intentaba, fiel a su estilo, sin sentido y logicidad, dar una explicación previa al publicitado reportaje: “estoy haciendo una chanchita…”, declaraba. El hecho es que el referido reportaje, que sería la cereza del pastel, el puntillazo final a la presidencia de Pedro Castillo, que se esperaba confirme su participación en actos de corrupción y tráfico de influencias, nunca fue propalado(si fue una estrategia de marketing del programa o la televisora, una bola de nieve que creció a partir de los deseos de vacancia de millones de peruanos, o si fue un contubernio bajo la mesa entre los poseedores de la información y él o los grupos de poder que sostienen este gobierno, algún día lo sabremos). Más allá de si existe o no esta información, y el condenable papel de los responsables del programa y la televisora, sea por no aclarar previamente que no tenían nada de la trascendencia que se especulaba, por respeto a sus televidentes, o peor, si es que hubiese existido algún tipo de negociado; es muy ilustrativo de nuestra situación política, lo que viene sucediendo a continuación.

Es como si la no ocurrencia del reportaje esperado, hubiera borrado de un plumazo todos los antecedentes e indicios relevantes del mal gobierno que estamos teniendo. Es decir, los hechos comprobados en la realidad de que el presidente se reúne con contratistas favorecidos en su gobierno y desde el Ejecutivo, fuera de agenda, en lugar y horas impropios. La coincidencia en el tiempo de estas reuniones con el hallazgo de veinte mil dólares en un baño de Palacio de Gobierno, que su mismo asesor personal declara como suyos. Las sucesivas declaraciones hablando de nacionalizar, estatizar, cerrar negocios, induciendo al error a la población y generando que los indicadores económicos se alteren y con ello el encarecimiento de los productos, la recesión y falta de trabajo que se está produciendo y se producirá con la continuación de estas expresiones que se vienen llevando a políticas de gobierno.  La reiterada intención de nombrar a personajes inidóneos para altos cargos del Estado, quienes no sólo carecen de la experiencia y preparación requerida, sino en muchos casos de la solvencia moral, por sus antecedentes o prontuarios, para asumir los cargos y conducir sectores o instituciones. El boicot proveniente de la cabeza del Ejecutivo, a la reforma del sistema de transporte, a la meritocracia en el sector Educación, a la SUNEDU y la solvencia de la educación superior. La burda toma del control, ilegítimo e ilegal de las fuerzas armadas. Los problemas de gestión y tráfico de influencias en ESSALUD y el MINSA. La agresión contra la minería formal. La delincuencia que campea y se incrementa. Y podría seguir. Todas situaciones que constituyen hechos comprobados e inaceptables que suceden o han sucedido en poco más de 120 días de gobierno.

Nada de esto ha sido suficiente para que nuestro Parlamento adopte una decisión que nos hubiera permitido frenar la caída libre en la que estamos. Llamar a nuevas elecciones y con ello la esperanza de tener un gobierno algo más o mucho más capaz que éste, pero que, sobretodo garantice (realmente, no de la boca para afuera) la marcha de las cosas en un clima de libertad y democracia que propicie el crecimiento económico y la estabilidad política y social del país.

Como señalamos en comentarios anteriores, había que esperar el momento adecuado para presentar la moción. Una moción presentada de manera impulsiva, sin un mínimo trabajo político de buscar apoyos y consensos, y que desde un inicio se vio muy de derecha, ha tenido dificultades para prosperar, no sólo entre los grupos denominados (o que quieren que se les reconozca) de centro como APP y AP; incluso entre los miembros de los grupos que en principio apoyan a Castillo (hubo un momento en que hasta algunos legisladores de PL deslizaron el apoyo a la vacancia) y de otros grupos minoritarios como Podemos Perú y Somos Perú. Varias veces señalamos, y nos mantenemos en esa postura, que, dada la correlación de fuerzas existente en el Parlamento, la salida de Castillo debe responder a un proceso de mediano aliento, donde pacientemente se espere tener la legitimidad del apoyo popular y en paralelo se trabaje haciendo política en el Congreso, tendiendo puentes, generando apoyos. Nada de esto se hizo.

Párrafo a parte para APP, AP, PP y su cálculo político. Sobretodo el de las dos primeras agrupaciones mencionadas que por su número y presencia nacional estaban llamadas a estar a la altura de la Historia y las necesidades del Perú. Éstas, le han dado la espalda al país pretendiendo situarse al centro y beneficiarse de no estar a un extremo u otro del espectro político nacional. La cuestión es si la situación del Perú da para este tipo de cálculo político, mientras vemos que cada día somos más pobres y que se acrecienta el enfrentamiento entre peruanos azuzado desde el mismo gobierno, con la destrucción de los medios de producción y circuitos económicos beneficiosos en el medio.

En mi opinión, nada ha cambiado respecto de este Gobierno. El Perú es un barco al garete. Lo que existe aquí es un desgobierno encabezado por una persona que no tiene la más mínima idea de lo que debe hacer en el cargo para el bien de los peruanos, y que parecería, también estaría relacionado a casos de corrupción. Ello sumado a sus vínculos con grupos comunistas filo terroristas, lo hace inidóneo para el cargo, y por supuesto detentador de una permanente incapacidad moral. Lo que ha sucedido es una oportunidad perdida. No parece haber esperanzas de que este régimen recule. Menos en estos momentos en que se ven fortalecidos por lo ocurrido. Sin embargo, es de presumir que, al igual que de manera similar a un caso de violencia familiar, Castillo y su gente vuelvan a las conductas y acciones perjudicantes para el país a las que nos tienen acostumbrados.

En cuanto al Parlamento, considero que se ha reafirmado de un lado 45 congresistas de oposición (AV, RP, FP y dos de APP) y de otro 45 que apoyan al gobierno (PL, JP y PM). En el centro, los demás (APP, AP, PP y SP) que se inclinarán por cálculo político, a quienes la mayoría en la calle determine o retirarán su opción en contra de la vacancia, de aparecer algún “supuesto relevante” para ellos, de corrupción del presidente. En este escenario, vislumbro sombrío el futuro próximo que nos espera. Pero la política es cambiante, veremos que pasa.


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