Columnista: Luis Pardo Altamirano

Las cosas simples de la vida: ‘El Nerito’

Por: Luis A. Pardo Altamirano

En la actualidad, la población ve con pavor cómo la ostentación, el lucro, la opulencia, el interés; la corrupción y pugna se manifiestan notoriamente en las altas esferas del poder. Censurable situación cuya solución, en muchos casos, ya se está desarrollando en terrenos como la justicia, el derecho penal o la cárcel.

Y qué bueno sería que todo ello quedara allí, sin embargo no es así, porque para los ajenos expectantes, para la sociedad ávida de valores, paz y tranquilidad, tan indignantes condiciones nos sumen en una decepción generalizada que consume, afecta, satura y desanima; perdiéndose al mismo tiempo esa necesaria confianza que siempre deberían exponer aquellos referentes en el poder.

Por eso nos toca dar la contra, tratando de superar tamaña indignidad; nos corresponde superar semejante daño a los niños, jóvenes y familias, compartiendo aquellas simplezas de la vida que otorgan a nuestras existencias belleza, tranquilidad, felicidad. Felicidad que no se mide por el dinero que tenemos o dejamos de tener: sino por aquellas cosas sencillas que no cambiaríamos ni por todo el dinero del mundo.

Y es que, comprobado está, esas cosas sencillas, amables y discretas forman día a día la orilla de nuestras vidas, allí donde las alegrías cobran sentido. donde nos tiramos en esos días de tormenta y donde todas nuestras alegrías -por más simples que sean sus orígenes- cobran sentido. Que no se confunda con llevar una vida sencilla, sino en ser sencillos de pensamiento, sabiendo qué es lo importante. Qué es lo que de verdad hace feliz a nuestro corazón y que nos identifica.

Por eso destaco hoy, un pequeño presente, un obsequio, para muchos seguramente apenas una taza, una vajilla aparentemente intrascendente. Cosas que no tienen precio, tienen valor; al ser una gran motivación de vida, sabiendo quién te los da sin ningún interés, con el solo objetivo de dar, entregar amor. De esa manera. con ese producto pequeñito tal vez, también se trasciende en quien lo recibe.

Siendo así, gracias Miguel por el regalito desde la tierra de Biden, con ese intenso color negro, el mismo que simboliza poder, fuerza, misterio, autoridad, y elegancia. Y, por si fuera poco, agregándole yo nombre y cuantía a ese ‘Nerito’ de agarradera en forma de la letra c, que para mí en estos tiempos simboliza al cariño, al corazón, a ese carácter que hoy se extraña para hacer frente al mal.

Bendiciones.


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