Y se cumplieron los primeros cien días de gobierno de Pedro Castillo. La “resaca” del halloween criollo (nunca más apropiado el término, sobretodo pensando en el juergón que se metieron Barranzuela, Noblecilla, Bermejo y compañía) le trajo en bandeja de plata a los caviares de Mirtha Vásquez, la cabeza del incómodo e impresentable último ministro cerronista: Luis Barranzuela. De esta manera, la “Divina Providencia” o la conveniencia política, dependiendo de la creencia de cada quien, intervino para que el gabinete Vásquez sea salvado. El debate en el Congreso por el voto de confianza se suspendió a raíz de la muerte del Congresista Herrera, para retomarse el 04 de noviembre último. De esta manera la incertidumbre acerca de si Mirtha Vásquez lograba los votos necesarios, se fue disipando a partir de que ésta pudo hacer política en esos días, y por supuesto, de lo impactante que fue la salida del hasta entonces ministro del Interior.
Así, la consecuencia que tenemos es que el gobierno de Castillo sigue en pie, pero en lo que supondría la salida del Perú Libre de Cerrón del gobierno paralelamente al afianzamiento del grupo caviar afín a Verónica Mendoza, liderado por Mirtha Vásquez, en el mismo. Y cabe preguntarse si esto es bueno o no para el Perú (y si verdaderamente hemos acudido al fin del cerronismo en el gobierno, porque, dado lo visto en estos cien días, permítanme dudar. El tiempo nos dirá si esto realmente ha sido así, o sólo se trató de una batalla ganada por los caviares).
Dicho esto, debemos señalar que el estreno del gobierno y su primera etapa ha sido muy malo. Ha podido ser peor si es que no fuera porque ha encontrado en el Congreso, en determinada prensa, y en muchos ciudadanos de a pie a través de la calle y las redes sociales, la valla democrática que ha permitido, en la gran mayoría de casos al cansancio o al extremo, se produzcan algunos cambios – y algunos despidos o invitaciones a renuncias - necesarios.
Por su parte, el presidente Castillo vive su propia realidad virtual. Ahora anuncia una presentación en Ayacucho para comunicar los “logros” de su gobierno en los primeros cien días y lo que piensa hacer a continuación, cual si fuera la presentación de un cantante de cumbia o de un circo; pero que en realidad no es más que otro anuncio populista barato que constituirá una pérdida de tiempo y recursos. Acaso el presidente sienta la necesidad de trasladarse a algún lugar del país donde aún encuentre gente que le crea. Pero de sólo imaginar la millonada que va a significar que se traslade con todo el séquito y parafernalia que genera, para hacer anuncios que los podría hacer frente a una cámara desde Palacio de Gobierno (dificulto realmente si es que haya algo resaltante que destacar de esta nefasta primera etapa y da miedo cada anuncio a futuro que hace) me parece otra medida condenable.
Y como siempre en medio de todo este concierto de actuaciones desacertadas, estamos los peruanos. Que seguimos a la espera de que alguien nos gobierne ejecutando políticas y acciones que nos permitan mejorar. Pero que, por el contrario, sólo vemos como se queman los bienes de producción, se asalta y destroza la propiedad privada, como se boicotea al Estado y a los peruanos, desde el propio Ejecutivo con discursos mentirosos y populistas que azuzan a la masa y la empoderan para que actúe ilícitamente y de manera impune. Con ministros que le echan la culpa al privado de todos los males, que entregan cabezas de autoridades o sacrifican el bienestar de nuestros niños para satisfacer a grupos informales o radicales.
Ni las fuerzas armadas se salvan. En menos de tres meses, volvieron a cambiar a sus altos mandos, en una muestra absoluta de falta de respeto hacia éstas, y al mérito que debe suponer que los mejores ocupen los cargos de liderazgo y dirección. Sí, el mismo problema que se viene constituyendo en una característica del gobierno castillista que vemos en el MINEDU, MINDEF, MINTRA, en INDECOPI, en SUNAT, en ESSALUD, y un largo etcétera.
La incertidumbre continúa, los signos negativos para nuestra economía y nuestra sociedad son flor de cada día. A raíz de todo esto los precios siguen por las nubes, y los peruanos seguimos empobreciéndonos cada día. Encima, tenemos un ministro de Economía para quien todo esto “pasa piola” pero eso sí, le causa urticaria que algún peruano tenga para comprar y ostentar un Lexus último modelo. Decidido a ajustar a quien ya ajusta (y viene ajustado a raíz de la crisis generada por la pandemia y agravada por este gobierno). El mundo al revés. Eso es este gobierno del señor Castillo y su grupo. Pero ni modo, en tanto siga siendo imposible vacarlo constitucionalmente, estamos condenados a soportarlo. Mientras tanto, lo que sí podemos hacer a través de las instituciones y canales democráticos que nos quedan, es seguir ejerciendo control político, seguir exigiendo los cambios que sean necesarios y sobretodo las medidas que sean imprescindibles para continuar siendo un país viable. Buscar las maneras de que este gobierno sea menos malo.
Bajo este orden de ideas, y en esta coyuntura, el Congreso debe aplicar la estrategia de no buscar censurar al gabinete ministerial, sino de ir cartera por cartera por los ministros impresentables. De igual manera, no debe darle las facultades en materias económico – tributarias que le pide el Ejecutivo, o sólo darle aquello que no suponga que este último de rienda suelta a su populismo barato o permita aplicar medidas comunistas que probadamente han fracasado en otras latitudes e incluso en nuestro país, y sólo supondrían seguir empobreciendo a los peruanos.
Por su parte como sociedad civil, debemos permanecer atentos y ser inquisitivos. Hoy a los órganos de ejercicio político, a la protesta en la calle y a los medios de prensa libres y democráticos (que son sólo algunos), se le ha sumado las redes sociales que te dan un manejo de la información y un medio de expresión en tiempo real. Hay entonces mecanismos que podemos utilizar y seguir utilizando los demócratas para hacer frente a esta banda de impresentables.
Haciendo la analogía con el fútbol, seguimos perdiendo el partido, pero todavía no acaba. Así que debemos continuar con la idea de empatar y voltear. Sí se puede.



