Debe estar viviendo los momentos más oscuros de su trayectoria. Pésimo recorrido el suyo, lleno de intrigas, mentiras, falsedades, dejando por el suelo a la profesión docente, dejando mal al movimiento sindical del país. ¿Cuándo el país ha tenido presidentes de esa horma? pretendiendo engañar con un lápiz cuya punta tiene dirección roja, terrorista, asesina; sin un ápice de dignidad, presencia, nivel, calidad. Un atorrante que subestima a la ciudadanía que integra la población de este querido Perú, donde todos lo habitantes nos diferenciamos, pero a la par integramos ese común crisol mágico de peruanidad.
Por eso, es agraviante que, precisamente quien más debe fomentar la integración, la unidad nacional, en tiempos de dolor como es la pandemia y ahora con la estresante noticia y posibilidad de un conflicto bélico mundial, tengamos los peruanos que atender la victimización de un mal gobernante que ahora rodeado de sus lamentables malas acciones expone que quiere trabajar para ‘su población’, con todas esas sanguijuelas que lo acompañan y hoy se les oscurece el camino.
Esa es la nueva política que han implantado estos resentidos que no respetan a la prensa que, mermeleros o no (no todos lo son) tienen por función informar lo que acontece, lo que es tan evidente; por gente que está asaltando al Estado con ineptos y malhechores diversos. Gente que pretende establecer un nuevo país con una Constitución a su molde y que para ello les urge establecer el triunfo en las elecciones regionales y municipales de octubre. Le toca asumir presidente. Si quiere no renuncie porque el tiempo se encargará de todo señor rondero; trabaje en su defensa sindicalista, aun cuando hoy de muy poco le valdrá el “¡Tírate, tírate!”.
Mientras tanto, aquí estamos, la gran mayoría de peruanos, sin mayor expectativa, con poca esperanza; porque usted nos ha abandonado para sus malos propósitos en casi ocho meses de gestión, con tantos equipos ministeriales, con tantos agravios y pésima gestión. Salve su apellido, el de su familia, el de esa tierra llamada Chota, tan espléndida en belleza paisajística, en su historia ancestral, sus costumbres y tradiciones.
Al concluir esta nota, me corresponde agradecer a los directivos de este medio digital. En estos tiempos de violencia y pesar, me es muy grato atender una invitación a compartir criterios, opiniones, ópticas; tal vez distintas pero valederas en este proceso llamado vida. Bendiciones.



