Y sucedió otra vez. Tenemos un candidato que no se da cuenta que ya es presidente. O un presidente que no se da cuenta que dejó de ser candidato. Y en un discurso de plaza, mientras su premier se presentaba ante el Congreso de la República buscando el voto de confianza para su gabinete, señaló que era un objetivo de su gobierno, “nacionalizar el gas de Camisea”.
Esta vez no fue su premier, no fue un congresista de Perú Libre, ni siquiera Vladimir Cerrón. Fue el propio Pedro Castillo. No se trataba de una broma, de un mal entendido o una mala interpretación. Por más que a algunos nos pareciera inverosímil, se trataba de un hecho fáctico, textual, real. Sí, nuestro propio presidente haciendo gala de su facilidad para perjudicar el bienestar y desarrollo del país. Triste habilidad que hay que reconocerle. Una que no debería estar presente en el primer mandatario de la nación.
Y al respecto cabe que nos preguntemos si lo hace al propósito o sin querer. Seguramente el lector, estará dentro del público que opina en uno u otro sentido. Particularmente, considero que en Pedro Castillo tenemos un caso de “tormenta perfecta”: se ha juntado en una misma persona, la ignorancia y falta de idoneidad para asumir la máxima magistratura de la nación, a partir de un individuo sin preparación que demuestra a cada instante su falta de capacidad y manejo de conceptos o nociones básicas para la conducción de un país, así como una preocupante falta de sentido común; y, el resentimiento, envidia y deseo de revancha de un ser consciente de las carencias que le ha tocado vivir y que, como todo comunista, le echa la culpa a alguien que no es él, de lo que no ha logrado en la vida.
Ciertamente, es una posibilidad que, como la mayoría de peruanos, haya tenido dificultades para salir adelante, de repente mayores que muchos. Y seguro, también como muchos peruanos, ha tenido la oportunidad de ver las inequidades e injusticias en que viven muchos compatriotas. Pero en estos momentos en que ha alcanzado una edad madura, y ha recibido el encargo de liderar un país, deberíamos esperar que sea consciente del cargo que detenta, del rol que le toca jugar en la historia, y se comporte a la altura de su investidura, dejando de lado resentimientos personales y posturas ideológicas, en favor de tomar decisiones y ejecutar políticas que impacten positivamente en los peruanos. No puede ser que del presidente recibamos en vez de soluciones, más problemas. Más ineficiencia. Más pobreza. Esto resulta ser contradictorio con su alegada preocupación por el “bienestar del pueblo”.
Han transcurrido 90 días desde que asumió el cargo y no vemos decisiones, ni siquiera el inicio de la ejecución de alguna política de Estado que antes no se haya dado o iniciado. De antemano sabíamos que no se trataba de un estadista, ni un político rutilante ni relevante. Que es un ser intelectualmente chato. Eso sí, transcurridos estos días, debemos añadir a lo anterior, que hemos comprobado su falta de idoneidad y capacidad para dirigir el país. La tragedia del Perú en su coyuntura actual, radica en que lamentablemente en el Parlamento no se llega a los votos para vacarlo. Y mientras ello no sea posible, seguramente acudiremos a una sucesión de “errores” en declaraciones, decisiones, ejecuciones de políticas y apreciaciones de la realidad. Por más que la camarilla de ministros y funcionarios caviares que lo rodea y han tomado las riendas de muchos sectores del gobierno, se ocupen de ser los “ferreros” de estos tiempos, pretendiendo “traducir” al maestro.
Menuda tarea la que tiene Mirtha Vásquez en su afán de obtener la confianza para su gabinete. A los anticuerpos que ya presentaba por su perfil comunista, su tibieza frente al asunto de la inconveniencia de una asamblea constituyente, y la permanencia en el gabinete de personajes como Barranzuela, Gallardo, Durand o Ayala; debe sumarle el efecto creado por las declaraciones del presidente. Y no es que su discurso haya sido tampoco auspiciador: más gasto público sin señalar de dónde va a salir, más políticas que inciden en las diferencias. Cero defensa de la familia. Cero afianzamiento de una identidad nacional que nos una y propugne la armonía. Sus propuestas de seguir la senda de una economía social de mercado, en este contexto, sólo constituyen letra muerta y no incentivan a los inversionistas a apostar por nuestro país.
En este contexto, el dólar retomó el ritmo ascendente, los combustibles también, y con ello subieron los precios no sólo de los productos de primera necesidad, sino de todo. La incertidumbre continúa.
Es claro que no podemos seguir así. Me pregunto hasta dónde tenemos que soportar los peruanos. Es inaudito, es inmoral con nuestra gente que continuemos con un gobierno así. A este paso, no sólo Castillo es quien presenta una permanente incapacidad moral, sino también los peruanos, que permitiendo la continuidad de este gobierno nos estamos haciendo daño y se lo estamos haciendo también a nuestros herederos, a nuestros hijos y su posibilidad de nacer, crecer y realizarse en un país que sea realmente viable.



