Columnista: Pablo Antonio Iglesias Palza

Seis meses de gobierno para casi 70% de desaprobación (según Ipsos) de la gestión del presidente de la república. Otro hito en la historia nefasta de este régimen cuyo empeño está centrado en resistir y mantenerse en el poder, lo que radica en hacer lo necesario para evitar la vacancia constitucional.

Con este objetivo, ha vuelto a acercarse al ala cerronista, mantenido aunque con menos peso, la cuota caviar, e iniciado la ejecución de una estrategia destinada a desviar los reflectores hacia el Congreso, ensayando argumentos para culparlo de la crisis a todo nivel que vivimos. El tan mentado “obstruccionismo” y “golpismo”, alegado con éxito por el lagarto Vizcarra para incluso llegar a disolver el Parlamento con la aprobación de millones de peruanos, que hoy el sombrero quiere reverdecer.

La diferencia, además de que este Congreso no tiene una estadísticamente repudiada mayoría absoluta fujimorista, es que la mayor parte de peruanos nos damos cuenta, que no es por el obstruccionismo, tampoco por la crisis internacional a causa de la pandemia, que el régimen se cae a pedazos.

A este gobierno le brota por los poros la ineptitud y los casos de corrupción. No obstante ello, ciertas personas inescrupulosas tratan de poner como mérito del régimen, determinados indicadores económicos que se encuentran en azul o han mejorado,  a pesar que saben bien que ello es por la coyuntura internacional, por el alto precio y demanda de los alimentos, sobretodo de los minerales que exportamos, y por el efecto natural de rebote que obedece a que durante los gobiernos de Vizcarra y el de transición, nuestra economía cayó a sus niveles más bajos en años.

Imagínense si este gobierno que atenta contra la inversión, la propiedad privada; que se vuelve cómplice de los delincuentes que destruyen y bloquean las unidades de producción, que encarpeta y obstaculiza proyectos de inversión por miles y millones de dólares como política de Estado; que no hace nada en términos reales por generar fuentes de trabajo. Que por el contrario se gasta las divisas y el erario nacional pagando bonos que no son más que limosnas que se acaban en pocos días y pagando sueldos a una burocracia cada vez más grande e ineficiente; realmente gobernara. Qué pasaría si realmente administrara, gestionara y ejecutara.

No nos engañemos, los números en azul, el récord en exportaciones y las consiguientes divisas que vienen ingresando, no corresponden a la aplicación de ninguna política pública de este gobierno. Obedece a una coyuntura que tendrá su final, y dado el desgobierno que vivimos, a menos que no actuemos de inmediato, nos va a agarrar muy mal parados.

La conducción desde el Ejecutivo de la economía, esencial para nuestra viabilidad como país, va de la mano con otras políticas que son necesarias en los otros sectores como salud, educación, energía y minas, comercio exterior, cancillería, defensa, interior, entre otros. No se ve la mano del gobierno. No se tiene claro cuál es el horizonte, cuál es el objetivo para con el país. Castillo se ha empeñado en recalcar que su gobierno no es comunista. Pero su falta de interés por producir, por beneficiar los circuitos económicos ya existentes y generar otros. Su desprecio por la propiedad y la inversión privada demostrada en la desidia de sus autoridades y de él mismo para tomar decisiones, su discurso propugnando la constituyente y las nacionalizaciones, su demora en expresarse y reaccionar frente a las crisis que el mismo genera y con esto propiciando el caos; dice lo contrario.  

Ante esta situación, es natural que cualquier peruano de bien y con un poco de criterio, piense y exprese la idea de que Castillo y su cúpula se aparten del gobierno. No es golpista pensarlo, no sólo porque en una democracia hay libertad de expresión, sino porque existen caminos constitucionales, es decir, democráticos, para que el presidente deje de serlo.

Es más, considero que es un acto de patriotismo en estos momentos conversar respecto de una salida democrática para la situación en que nos encontramos. Bajo este orden de ideas, el intento de satanizar las reuniones de congresistas de oposición para conversar de este asunto, o de cualquier periodista, opinólogo o en general peruano que lo exprese, corresponde a la estrategia de ataque al Congreso de la que hablábamos al inicio, la misma que se viene ejecutando a partir del nombramiento de un premier rabioso, secundado por un sector de la prensa y unas bancadas, sobretodo las de PL y JPP, que ven peligrar sus cuotas de poder y su fuente de riqueza, así como la oportunidad de ejecutar proyectos como la asamblea constituyente.

Para esto, cuentan aún con más del 25% de peruanos, que siguen aferrados por distintas razones a un proyecto que hace agua por todos lados y cuya máxima expresión en estos momentos, es un individuo que no sólo es incapaz de articular y expresar una frase, sino que no tiene idea de lo que hace en el cargo, es incapaz de conducir, de liderar un país, y es altamente probable que esté involucrado en casos de corrupción.

Con todo esto y con mayor razón, es necesario que como peruanos hablemos con más énfasis de renuncia, de vacancia, de acusación constitucional, y de todos los medios que nos permitan salir del dominio de esta banda en el marco de la Constitución. No debemos perder la capacidad de indignarnos ante lo malo, más si esto es evidente y burdo. No justifiquemos al régimen por oposición a un grupo político o probable candidato; o forjemos falsas esperanzas en una cúpula que tiene por características ser inepta, informal y por lo menos comunistoide. El Perú necesita un cambio ya. Cada día que pasa sirve para que este régimen, cual cáncer, extienda sus garras y capture espacios de poder. Uno de ellos es el Congreso. Es su objetivo final.

No basta con señalar e identificar lo que sucede. Este gobierno, una vez que pasa el escándalo mediático, igual procede con la repartija y el copamiento de cargos importantes, es necio y mantiene en la gran mayoría de casos los nombramientos y decisiones cuestionados. Si no actuamos rápido, esta banda se entronizará en el Ejecutivo y a partir de allí se esparcirá a los otros poderes y órganos del Estado, mientras continúa destruyendo el país. Si no actuamos ya, corremos el riesgo de que nuestro Perú se torne en inviable. No nos sintamos mal por buscar lo mejor para nuestro país. Señores actores políticos, señores congresistas, estamos esperando que demuestren su amor y compromiso por el Perú. Tienen los caminos, recórranlos sin demora.


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