Columnista: Pablo Antonio Iglesias Palza

Sobre los primeros cuarenta días de gobierno y el primer mensaje presidencial

Los primeros cuarenta días de Pedro Castillo en el poder llegan en un contexto político, económico y social que se mantiene en crisis, con un presidente que continúa sin dar señales concretas de liderazgo y que, parece realmente en la práctica no saber qué hacer en el cargo.

Y es que en lo que va de este nuevo régimen, la sensación de que el Perú se viene degradando en todos los frentes es general y constante. No hay un solo ámbito del gobierno que se salve y cada decisión tomada por el primer mandatario no ha estado exenta de polémica o cuestionamiento. En efecto esto es lo que viene marcando desde un inicio su gobierno, partiendo con la elección del premier y su gabinete, y pasando por nombramientos cuestionados en diversos cargos como por ejemplo las jefaturas de las fuerzas armadas, policía nacional o la última elección del jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia.

Parece ser que el factor común para ocupar los puestos más importantes de este gobierno, no pasa por la capacidad e idoneidad de los nombrados, sino por su cercanía al señor Vladimir Cerrón y/o a Sendero Luminoso, el MRTA  o sus derivados. Lo que se torna en más grave cuando hablamos de sectores como Defensa, Interior o el Servicio de Inteligencia.

Y todo esto, se da en un contexto donde las investigaciones por corrupción alcanzan al partido que lo llevó al poder, así como a su líder y socio político Vladimir Cerrón. Frente a los allanamientos producidos, incluido el búnker con whisky etiqueta azul del señor Cerrón al descubierto; la propalación de las fotos de su premier posando muy orondo al lado de imágenes de la bandera de Sendero Luminoso y el presidente Gonzalo; o a los documentados vínculos de su ministro de trabajo Iber Maraví con el grupo terrorista de Abimael Guzmán; su respuesta continúa siendo el silencio. Hoy, tuvo una vez más la oportunidad mediante el mensaje que dirigió al país, de deslindar con el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA así como de cualquier actividad de carácter delictivo de Perú Libre. De terminar con la crisis política demostrando un poco de respeto por la ley, el sentido común y la memoria de los peruanos, y depurar su gabinete. Pero no lo hizo. Se limitó a través de un escueto mensaje, a anunciar algunas medidas con la intención, dijo, de generar una reactivación económica, sin mayores detalles, que sobretodo en la referida a incluir al GLP en el Fondo de Estabilización de Combustibles, esperemos tenga el efecto deseado y constituya una medida aliviadora para el ciudadano de a pie frente al incremento de este producto.

Por lo demás, un mensaje que en su brevedad resulta ser más de lo mismo, populismo, silencio cómplice respecto de los funcionarios cuestionados y enumeración de medidas que suponen la disposición de ingentes cantidades del dinero de todos, pero que sin la explicación de cómo generarán los efectos deseados, en lo único que contribuyen es en alargar el escenario de incertidumbre. Frases ilógicas, como el que un bono de 350 soles va a generar empleo, o que su intención es generar 250 mil puestos de trabajo temporal cuando a raíz de la pandemia y de su postura comunista la inversión privada se encuentra detenida, y el índice de población desempleada permanente nos indica que tenemos más de 2 millones menos de peruanos trabajando en empleos formales, según cifras del INEI, para hablar sólo de un indicador; son puntos comunes de un mensaje que, como ya manifestamos, nos sigue generando la sensación de que estamos ante una persona incapaz de conducir un gobierno.

El presidente Castillo parece no darse cuenta que para generar estabilidad económica y social, no sólo necesita acertar con las medidas que proponga y disponga ejecutar, sino que para ello, necesita también generar un clima de confianza entre los actores políticos y económicos, a partir de una estabilidad política que contribuya a eliminar la incertidumbre y permita desarrollar sus políticas de gobierno. El problema es que hasta el momento su propio grupo se empeña en no hacerlo y el tiempo sigue pasando, empeorándose cada día más la situación de los peruanos.

Es claro que este régimen está poniendo a prueba la capacidad de aguante de los peruanos, que cada día nos empobrecemos más, viendo disminuir nuestros recursos y nuestra calidad de vida. La pregunta que salta a la vista es ¿cuánto estamos dispuestos a soportar antes de hacer algo para acabar con esta situación?


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