El congresista oficialista y vocero de la bancada de PL Waldemar Cerrón se abraza con la presidenta del Congreso María del Carmen Alva, en medio de una coyuntura política en la que vemos que día a día surge más información sobre nuevos casos de corrupción o más detalles de los ya conocidos, que involucra directamente al presidente de la república o a su entorno más cercano. En el que la clamorosa falta de liderazgo del primer mandatario, se complementa con otro gabinete cuestionado, con la continuación del tráfico de puestos en el Ejecutivo, con la elección de personas inidóneas para los cargos públicos y muy probablemente con la corrupción.
Que en estos momentos el presidente no pueda ser constitucionalmente defenestrado, constituye un drama para el país. Que el señor Castillo permanezca en el cargo, es una afrenta a la inteligencia y la dignidad de los peruanos. La prueba palpable de que los grupos políticos, sobretodo los de izquierda que son aliados de este régimen, lo blindan, anteponiendo sus intereses particulares y su ideología, a los objetivos y necesidades de la nación.
Éste es el estado de las cosas. En comentarios anteriores, hemos señalado que, ante la imposibilidad de obtener los votos para vacar al proclamado, es estratégicamente pertinente que el Congreso vaya interpelando, y censurando, si esto corresponde, a aquellos ministros inidóneos para el cargo. Que se formen de ser necesario, comisiones ad hoc para investigar casos de probable corrupción en el Ejecutivo.
Pero, una cosa es adoptar una posición estratégica ante una situación determinada. Otra cosa es abdicar de la función que la Constitución señala para el Parlamento, cual es aparte de legislar, fiscalizar.
El Congreso, no puede ni rendirse ni utilizar de excusa el impedimento de vacar, y pasar por alto la necesidad que tenemos todos de que se esclarezca la actuación del presidente y de determinados funcionarios del Ejecutivo o se denuncie e investigue irregularidades cometidas por estos.
La pasividad que presenciamos estos días en el Parlamento, cuyo símbolo máximo es el abrazo al que aludimos al inicio, nos hace sospechar que más que una estrategia, sería por la conveniencia que significaría permanecer en el cargo. Me callo, abdico de mi función constitucional, porque no me conviene perder mi escaño y con ello el dinero que gano y la cuota de poder que puedo tener.
En el camino, hechos tan graves como las reuniones clandestinas, las mentiras obstaculizando investigaciones del presidente y sus allegados, los casos de tráfico de influencias, de nombramientos inidóneos, de delitos explícitos; pueden ser periódico de ayer. Pueden perderse en el tiempo. ¿Es ésta la intención? Minimizar lo que viene sucediendo, permitir que el tiempo y los nuevos sucesos dejen atrás su ocurrencia, para así ambos, Ejecutivo y Legislativo, garanticen su permanencia y beneficios particulares en el presente quinquenio. Si ello fuera así, la esperanza de millones de peruanos que creemos en la democracia y la libertad prácticamente se reduciría a la nada.
De otra manera es muy difícil de explicar, por ejemplo, la permanencia en el cargo del ministro de transportes y comunicaciones. Corre el rumor de que ello sería porque éste, a través de la capacidad de gasto en ejecución de obras en su sector, ha hecho promesas a varios congresistas del interior.
El Congreso de la República está sometido al poder de los votos, a lo que la mayoría decida. Esta es la cruda verdad. Sin embargo, es aquí donde las fuerzas de oposición, que son la minoría más importante del Congreso, no deben claudicar en su función. Su número les permite interpelar, concertar con otras bancadas para censurar ministros, y también para que avancen las denuncias constitucionales que se han interpuesto ante sus fueros, principalmente las que han sido planteadas en contra del presidente de la república y la fiscal de la nación.
Nosotros como sociedad civil debemos permanecer atentos y vigilantes de la función congresal. Y exigir, sobretodo a los grupos que levantan la bandera de oposición al régimen, que sean consecuentes, honren el cargo representativo para el que han sido elegidos, y que hasta el momento en que sea posible constitucionalmente defenestrar al proclamado y su cúpula, continúen con la tarea de exponer, denunciar, y si es posible limpiar al Ejecutivo, de aquellos malos elementos que puedan darle algún atisbo de viabilidad a las políticas populistas, comunistas o con objetivos corruptos de beneficiar a algunos, que lamentablemente están caracterizando el devenir de este gobierno a casi 7 meses de su estreno.



