Columnista: Alejandro Ramírez Merino

Pensábamos que con la ingobernabilidad política vivida en el quinquenio del gobierno pasado que trajo consigo la disolución del Congreso y la vacancia del expresidente Vizcarra, habíamos llegado al límite de ingobernabilidad en el país. Pero esto no ha sido así, hay algo peor que eso, y lo estamos viviendo después de la asunción al mando de un semi analfabeto como Pedro Castillo, que con su frustrado golpe de Estado, nos ha dejado un clima de tremenda ingobernabilidad política y violencia que nos mantiene en la incertidumbre y zozobra de lo que podría pasar con la democracia en nuestro país; más claro, vivimos en una Oclocracia, donde la turba y la muchedumbre imponen sus decisiones y no el pueblo; y lo peor el pueblo es manipulado y toma decisiones sin información. Este es el peor de los sistemas políticos, como lo dijo Polibio (220-118 ac), pues es el último estado de la degradación del poder, es decir, la degeneración de la democracia. Lo peligroso es que la Oclocracia se nutre del rencor y la ignorancia y sin lugar a dudas, eso lo estamos palpando en la actual coyuntura política en nuestra Nación.

Para ser más precisos y no queden dudas que vivimos una Oclocracia, las turbas violentistas azuzadas por operadores políticos malignos, dejaron en las revueltas violentistas en el país hace poco, más de 60 muertos. Estas muchedumbres que marcharon violentamente pidiendo: “¡Que se vayan todos!” los de la clase política tradicional y que a la vez exigían el cambio de una nueva Constitución, sin estar informados, pues cuando se les preguntaba que no les parecía bien de la actual Carta Magna, respondieron que no la habían leído y no sabían qué capítulo de ella cambiar. Llegó a tanto la manipulación a estos ciudadanos venidos mayoritariamente de la región sur del país que por estar desinformados, también exigían la reposición en el cargo del presidente golpista Pedro Castillo, pues para ellos quien aplicó el golpe de Estado, fue el Congreso hacía el rondero chotano, cuando en realidad es al revés, pues quien quiso sumirnos en una dictadura fue Castillo, pero felizmente el tiro le salió por la culata, pues las fuerzas armadas y policiales no lo acompañaron en su fallido intento golpista.  

Con esto queda claro que estamos viviendo una Oclocracia así lo quieran negar algunos politiqueros interesados, tanto de la ultraderecha como de la ultraizquierda. Por el bien del país debemos oxigenar y sanear nuestra democracia para que podamos vivir en un clima de paz, armonía y respetando las leyes nacionales.


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