La obra de la productora JPMSamSfilms obtuvo el galardón a Mejor Cortometraje en Redes en el Festival y Concurso de Cortometrajes Leyendas Peruanas, organizado por Cine Miedo Perú en la ciudad de Arequipa.
En tiempos en que la producción audiovisual peruana busca nuevos caminos lejos del centralismo limeño, la reciente premiación del cortometraje “El plenilunio: El terror que acecha” representa una noticia alentadora para el cine independiente nacional. La obra de la productora JPMSamSfilms obtuvo el galardón a Mejor Cortometraje en Redes en el Festival y Concurso de Cortometrajes Leyendas Peruanas, organizado por Cine Miedo Perú en la ciudad de Arequipa, durante marzo de 2026.
El reconocimiento no solo celebra el talento de sus creadores, los hermanos Mario Miguel Samamé Saavedra y José Antonio Samamé Saavedra, sino que confirma el creciente interés del público por propuestas audiovisuales que dialogan con la tradición cultural peruana desde el lenguaje del horror contemporáneo.
Los responsables del cortometraje provienen de Lambayeque, región norteña que en los últimos años ha mostrado un notable dinamismo cultural. Desde allí surgió esta propuesta cinematográfica que ha sabido combinar imaginación, técnica y sensibilidad narrativa. Mario Miguel Samamé Saavedra asumió la dirección y producción del filme, mientras que José Antonio Samamé Saavedra estuvo a cargo del guión. Esa alianza creativa demuestra cómo el trabajo familiar y regional puede convertirse en una plataforma sólida para construir historias con identidad propia.
La noticia del premio fue celebrada con entusiasmo en Lambayeque, donde el logro fue visto como una victoria simbólica para los artistas que desarrollan proyectos lejos de los grandes centros industriales del país. En un panorama donde muchas veces los recursos y la difusión se concentran en la capital, cada triunfo regional adquiere una resonancia especial.
Uno de los aspectos más interesantes de “El plenilunio” es su inspiración en mitos, leyendas y relatos tradicionales del imaginario popular. El cine de terror ha encontrado históricamente una fuente inagotable en las creencias colectivas: monstruos, apariciones, maldiciones, transformaciones y presencias nocturnas que sobreviven en la memoria oral.
“El plenilunio” apuesta precisamente por esa línea: no copia fórmulas extranjeras, sino que dialoga con una sensibilidad local. El miedo, en este contexto, nace de lo conocido, de aquello que escuchamos desde niños, de las historias transmitidas por abuelos y padres junto al fogón o en noches de luna intensa.
Según declaraciones del director, la película se inspiró en la atmósfera inquietante que genera la luna llena y en su antiguo simbolismo ligado a la transformación humana. Esta elección resulta significativa, pues la luna ocupa un lugar privilegiado en muchas culturas como símbolo de cambio, deseo, locura o revelación. En la tradición universal, la luna llena ha sido asociada con hombres lobo, insomnio, perturbaciones mentales y fuerzas desconocidas. En el lenguaje cinematográfico, su presencia suele anunciar peligro o mutación.
Mario Miguel Samamé explicó que buscó convertir la luna llena en un elemento narrativo capaz de revelar la verdadera naturaleza de los personajes. Es decir, no se trata solo de un recurso visual, sino de una metáfora: bajo cierta luz, aquello que estaba oculto emerge. Ese enfoque conecta con el mejor terror psicológico, donde el miedo no depende únicamente de criaturas o sobresaltos, sino de tensiones internas, secretos enterrados y pulsiones reprimidas.
El premio recibido por “El plenilunio” también permite reflexionar sobre el crecimiento del cine de horror en circuitos alternativos del país. Festivales como Cine Miedo Perú han demostrado que existe un público ávido de historias oscuras, fantásticas y perturbadoras.
Arequipa se convirtió en marzo de 2026 en uno de esos focos culturales, al albergar funciones y concursos dedicados al género. La ciudad, con su arquitectura histórica y su fuerte personalidad regional, ofreció un escenario ideal para un encuentro de esta naturaleza. Este tipo de eventos cumplen varias funciones esenciales: descubren nuevos realizadores, fortalecen redes entre artistas, forman audiencias y legitiman géneros que durante años fueron subestimados por la crítica tradicional.
Hoy el terror ya no es un espacio marginal. Es uno de los géneros más creativos del audiovisual contemporáneo. El éxito de “El plenilunio” no se limita al premio en Arequipa. Según su director, la obra también ha participado en festivales como el Festival de Cine Saria en Colombia y el Festival El Ojo Iluso en Venezuela, entre otros certámenes internacionales.
Esto revela un aspecto crucial del nuevo cine independiente: la circulación digital y festivalera permite que producciones de bajo presupuesto alcancen públicos internacionales. Ya no se depende exclusivamente de grandes distribuidoras ni de cadenas comerciales. Un cortometraje realizado desde Lambayeque puede hoy ser visto, comentado y valorado en otras partes del continente. Esa democratización de la difusión abre oportunidades inéditas para creadores jóvenes y regiones históricamente invisibilizadas.
Tal vez el mérito mayor de “El plenilunio” sea su apuesta por descentralizar la producción cinematográfica. Durante décadas, la historia oficial del cine peruano se escribió casi exclusivamente desde Lima. Sin embargo, el país real es múltiple, diverso y profundamente narrativo. Hay historias potentes en la costa norte, en la sierra profunda, en la Amazonía, en los pueblos andinos y en las ciudades intermedias. Allí habitan voces nuevas, imaginarios distintos y otras maneras de entender la belleza y el miedo.
Cuando una obra regional obtiene reconocimiento nacional, no solo gana un equipo artístico: gana la idea de un Perú más amplio y plural. “El plenilunio: El terror que acecha” demuestra que el cine peruano puede renovarse mirando hacia sus raíces y, al mismo tiempo, dialogando con tendencias globales. El uso del mito, la atmósfera psicológica, la circulación en festivales y la apuesta descentralizadora convierten a este cortometraje en una señal prometedora.
Su premio en Cine Miedo Perú confirma que el público responde cuando encuentra historias honestas, bien construidas y conectadas con la sensibilidad colectiva. Quizá el verdadero mensaje de esta victoria sea sencillo pero poderoso: en las noches de luna llena, el miedo todavía puede hablarnos en peruano.