Un análisis del periodista Francisco Ugarteche
El próximo viernes 29 se cumplen 50 años de la caída de la dictadura socialista de Juan Velasco Alvarado y el comienzo del régimen de Francisco Morales Bermúdez que devolvió la democracia al país.
El periodista tacneño Francisco Ugarteche tiene una visión de la caída del chino Velasco Alvarado y la presenta en el libro “El Tacnazo de Morales Bermúdez”, donde cuenta lo acontecido en la ciudad de Tacna y lo esbozó durante una conferencia dictada a los periodistas de todo el país, gracias a la convocatoria del Instituto PressCom.
Ugarteche cuenta que la estatización del petróleo fue el primer pretexto de lo que llamó una revolución para crear la empresa pública más corrupta que ha existido en el país. Actualmente le cuesta miles de millones de dólares al presupuesto de la república.
Los vehículos debían portar calcomanías que los autorizaba a circular lunes, miércoles y viernes ó martes, jueves y sábados. No había suficiente gasolina para que circulen todos.
Entre el 20 y 22 de junio de 1969 ocurrió la matanza de Huanta, desencadenada al intentar suprimir la gratuidad de la enseñanza que le costó la vida a un centenar de ayacuchanos. Nació Flor de Retama, que gustan cantar los senderistas.
Expropiaron las tierras y destruyeron la producción agropecuaria, entonces principal contribuyente del erario nacional. Luego de algunos años los complejos agroindustriales de la costa fueron privatizados por decisión de sus trabajadores y costó más de 20 años que volvieran a alcanzar los niveles de producción que tuvieron antes del gobierno de Velasco. La reforma agraria fue un rotundo fracaso.
En la sierra se comieron el ganado y dejamos de producir leche. Conseguir una bolsita de leche en polvo, importada de Nueva Zelanda solo era posible pagando coimas al bodeguero de la esquina. Convirtieron la especulación y acaparamiento en el delito que podía llevar tras las rejas al comerciante previsor.
No podías publicar nada criticando algo que pudiera hacer o decir el gobierno, corrías el riesgo de ir preso y si se trataba de personajes públicos entonces lo deportaban.
Llegaron a expropiar todos los medios de comunicación del país, emisoras de radio y tv y diarios de circulación nacional en los que nombraron comités interventores que cuidaban que todo sea aplausos a “la revolución”.
El descontento popular fue enorme debido a la escasez de productos de primera necesidad, estábamos como en Cuba o Venezuela y hasta los policías, un buen día de 1974, se declararon en huelga.
Delincuentes y opositores al régimen aprovecharon para promover disturbios en el centro de Lima, incendio de oficinas públicas y privadas motivaron la salida de tropas que calmaron la situación a punta de balazos. Nunca se sabrá el número de muertos debido a que no había libertad de expresión y curiosamente la Comisión de la Verdad investigó sólo a partir de 1980, cuando se fueron los militares del gobierno.
En todo el mundo este tipo de comisiones ha investigado dictaduras, pero aquí en el Perú decidieron que había que investigar democracias.
28 Y 29 DE AGOSTO
En Tacna de 1975, más que de organizaciones sociales, el desfile del 28 de agosto fue de escolares que se toman en serio la competencia por trofeos simbólicos, medallas y gallardetes con los que premian a los más entusiastas. Mar¬char era un honor dispensado únicamente para aquellos que se habían esmerado en los ensayos. Perder el paso en pleno desfile podía ocasionar una fatal y generalizada descoordinación. El ritmo lo daba el sonido del bombo, que debe coincidir siempre al contacto del pie izquierdo con el suelo; los brazos debían alzarse solo hasta la altura del hombro, la mirada en la nuca del que está adelante y levantar las piernas lo más alto posible. Eso de marchar promueve el espíritu de camaradería y el sitio dentro de la formación siempre origina rencillas entre los más bajitos.
Después del desfile es costumbre que las familias se reúnan en almuerzos para agasajar a los que llegan de otras ciudades. Con Morales Bermúdez, por lo general, la cosa era en Pachía con los Bocchio. La celebración en las casas y en la campiña reúne a familias y amigos como Chicky Chiarella, con sus primos César y Tuco se juntan para izar la bandera en un alto eucalipto, mientras al pie se asan deliciosos corderos de Candarave y en fogones de leña el picante de guata y pata, cazuelas y tamales. Los restaurantes ofrecen ceviche de corvina, locos mayo, cuy chactado, pastel de choclo o adobo, además de vinos y licor de damasco. Los que sobreviven a los banquetes acuden luego, en la noche, a los bailes populares, mientras que el de gala es en los salones del Club de la Unión, donde al compás de orquestas locales y de Moquegua, Puno y Arequipa, se baila y celebra hasta el amanecer. Tacna festeja contenta el aniversario de su reincorporación al Perú.
Entre jarana y jarana, entre alegres valses y cumbias entonan de pronto emocionados:
Ya salió el crucero Lima,
todo cubierto de luto
recorriendo aguas chilenas
en busca de Miguel Grau.
El valiente Miguel Grau,
con su Huáscar se batió
le volaron medio cuerpo,
y en el mar se sepultó.
Adiós Tacna bella palma, Adiós Arica laurel
ya se fue tu hijo querido, no lo volverás a ver.
Por Piura y el Perú, Almirante Miguel Grau
con tu Huáscar en la gloria está.
Recopilación de Lucas Borja (1969)
Los militares y sus esposas ocupaban gran parte de los salones del histórico Club Unión en la esquina de San Martín con el Pasaje Vigil, sin sospechar siquiera que el local, antes de ser reconstruido fue víctima durante la ocupación, de turbas de soldados chilenos que sin embargo abandonaron los libros de una valiosa biblioteca rescatada por entusiastas. Este 28 de agosto de 1975, los mozos se desplazan con dificultad para alcanzar bandejas con copas de pisco sour, cóctel de algarrobina, gaseosas, vinos y wisky. La orquesta interpreta tradicionales valses criollos, cumbias y huaynos que invitan a bailar. Los generales Morales Bermúdez, Luis La Vera y Artemio García, con sus respectivas esposas, se retiran a la medianoche, como cenicientas, después de un brindis solmene y entusiastas vivas a Tacna y al Perú.
CONTIGO HASTA LA MUERTE
Las tres parejas se dirigieron hasta la residencia de García Vargas comandante general del destacamento Tacna, donde estaban alojadas. Las damas, cansadas por el trajín del día pasaron a sus dormitorios, mientras los generales decidieron seguir hasta el amanecer, pero prefirieron hacer una primera llamada telefónica al coronel Julián Juliá, jefe del Estado Mayor en Tacna, quien estaba reunido con un numeroso grupo de generales y coroneles en el cuartel Tarapacá, al pié del Arunta. Le ordenaron poner los tanques en alerta roja. Es decir, los tanques, todos los tanques militares de la región debían encender sus motores y estar disponibles para entrar en acción en cualquier momento.
Estos generales están borrachos, pensó Juliá, que lucía siempre el corte de cabello impecable, más parecido a soldado raso, dando la impresión de estar siempre dispuesto a entrar en combate, mismo boy scout. Desde muy lejos el andar marcial delataba su identidad militar, incluso cuando pese a su baja estatura y a vestir de civil frecuentaba el restaurante “EL Chalán” de la calle Zela, donde Atilio Guillén interrumpía sus charlas con el Chino Rejas para acercarse hasta la mesa que tenía siempre reservada en un lugar discreto, en la sombra, buscando el perfil bajo, el anonimato imposible.
Juliá pensó que los generales estaban demasiado borrachos cuando recibió esa orden que despertó a todo el mundo en el cuartel Las Vilcas, donde estaba la mayor parte de la delegación que había llegado desde Lima. Dudó si cumplir o no esta orden, pero le ganó el deber y de manera obediente, sin dudas ni murmuraciones dispuso encender los motores para acudir presuroso a la residencia de García, deduciendo se había convertido en centro de operaciones de algo muy especial. Allí el dueño de casa lo esperó con un vaso de agua en la mano e invitó a saludar al nuevo presidente de la república. Juliá sonrió, pero antes de percatarse completamente de lo que estaba pasando, se convirtió en el secretario que estaban esperando para iniciar sus primeras llamadas telefónicas.
Muy temprano, ese 29 de agosto, recibo la llamada de un oficial que dijo transmitir el encargo del comandante general del ejército, quien me cita a una reunión urgente, en ese momento, minutos antes de las 7 de la mañana, en su oficina en uno de los extremos de la calle Zela, junto al diario La Voz de Tacna, a espaldas de la bodega Cúneo, por la iglesia del Espíritu Santo y el colegio 990, que lleva el nombre de los hermanos José María y Federico Barreto. No fui a ninguna de las fiestas a las que había sido invitado la noche anterior. La intuición periodística que comencé a descubrir, me advirtió que la presencia de tanto general junto era para algo más que participar en las fiestas de Tacna; eran muchos generales, demasiados, estaban todos los que podía imaginar juntos, en una ciudad pequeña como Tacna de 1975.
Caminar las cuatro cuadras hasta ese lugar me tomó menos de diez minutos y por el movimiento de soldados armados en la puerta, confirmé que algo grave estaba ocurriendo. Pensé que todos los temores tenían asidero, que seguramente Velasco estaba ordenando una locura a sus tropas, que se venían días, tal vez años terriblemente complicados, que en cualquier momento comenzaría a escuchar el estruendo de las bombas y me arrepentí no haber enviado a mi familia a Lima, todo en un segundo, en apenas un respiro, hasta que sentí el olor a petróleo con el que acostumbran cubrir los antiguos pisos de tablones de madera.
- Gracias por venir - dijo el general José Villalobos Vigil, secretario general del ministerio de guerra - ustedes son los únicos que han respondido a nuestro llamado, pero creo que es suficiente.
Fue la conferencia de prensa más importante de mi vida. Oscar Liendo Duarte de Radio Tacna y corresponsal del diario El Comercio, quien me invitó a convertirme en periodista cuando con Henry Rondinel compartió la dirección de La Voz de Tacna y el otro cronista Don Segundo Morales Villagra, director en ejercicio de ese diario.
Fuimos los primeros tres testigos de una noticia que me causó una extraña sensación, me ardía el alma, me di cuenta que el cerebro a veces funciona a velocidades descontroladas, con muchas ideas, recuerdos y presagios que se confunden entre realidad e imaginación, al ritmo de latidos que advierten una aceleración peligrosa.
El Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas- comenzó a leer un papel escrito a máquina- ha decido realizar el relevo en la presidencia de la república y a partir de hoy es confiada al comandante general del ejército, general de división Don Francisco Morales Bermúdez Cerruti, quien reemplazará al general Juan Velasco Alvarado. La decisión es respaldada por los jefes de todas las regiones militares, la marina, la fuerza aérea y las fuerzas policiales.
- ¿Qué va a pasar con el general Velasco?, preguntó Don Segundo.
- Se va a su casa a descansar – respondió con calma Villalobos- ustedes saben que se encuentra delicado de salud, desde hace tiempo.
- ¿Pero él no sabía de esta decisión? repreguntó.
- Miren, dijo, la salud mental es lo que más preocupa con el general Velasco y es lo que queremos proteger y lo apoyaremos para su total restablecimiento, aquí en el Perú o en el extranjero.
- ¿Y la revolución? - preguntó Oscar - ¿habrá más cambios?, ¿cuáles?
- Todo sigue igual, el gobierno revolucionario de las fuerzas armadas continúa, sigue siendo el mismo, contestó. Continúa vigente el estatuto de la revolución de las fuerzas armadas.
Y agregó que no podía seguir brindando más información, que eso era todo por el momento, que no estaba autorizado a dar más declaraciones, que seguramente en el curso del día haría lo propio el general Morales Bermúdez.
Volvió a saludar nuestra presencia y manifestó que agradecía de antemano se transmita de inmediato esta información a la ciudadanía, que la decisión se había comunicado a las autoridades militares de Chile y que no había ningún problema con el país vecino. No quiso entregar copia del papel que había leído.
El general Artemio García Vargas se había encargado personalmente de llamar, esa misma madrugada, a las 5 de la mañana, al comandante Dowling, jefe del regimiento Rancagua en Arica y al general Odlanier Mena en Santiago, quien después de haber servido en Arica pasó a formar parte de los equipos de inteligencia de Pinochet. Les dijo que el nuevo presidente del Perú sería el general Francisco Morales Bermúdez. La razón era muy clara y aunque no lo manifestó textualmente les dio a entender que buscaban seguir viviendo en paz.
No eran las 9 de la mañana cuando llegué a la redacción me pasaron el teléfono y al otro lado estaba Gustavo Salas Morales, más de visitante que de director y claro que estuvo en la fiesta del Club Unión… al poco rato comenzaron a llegar periodistas y militares en número mayor a la capacidad de la oficina de redacción, algunos en los talleres y otros en la administración. Los colegas eran de Lima, de la misma cadena de Epensa, hacían turno para usar las máquinas de escribir y contar sobre las primeras reacciones, mientras los militares, supongo de los servicios de inteligencia, nos miraban con recelo y a ratos preguntaban si teníamos información de Lima, sobre lo que estuviera pasando en la capital, si sabíamos algo del palacio de gobierno.
Fue García Vargas quien también había coordinado con el comandante general de la tercera región Luis La Vera Velarde, para que los demás generales que acompañaban a Morales Bermúdez lo entusiasmaran con la idea de hacer el relevo en el mando presidencial. Hubo conversaciones con Luis Montoya, jefe de la IV Región del Cusco y Oscar Molina Pallochia, jefe de la I Región de Piura. Al fin y al cabo, la salud de Velasco estaba efectivamente resquebrajada y las condiciones para ese supuesto ataque a Chile habían cambiado drásticamente desde el golpe militar de Pinochet, que no solo entendía de asuntos de guerra y geopolítica, sino que, en corto tiempo, a punta de balazos, consiguió devolver la calma entre los chilenos y con ayuda de Estados Unidos reequipar parte de su ejército.
Los jefes militares respaldaron a Morales Bermúdez y en un comunicado cuya redacción fue atribuida a García Vargas, expresaron “los peruanos que deseamos una patria libre en la que se realicen tanto los individuos como personas, así como la sociedad peruana en pleno, nos pronunciamos revolucionariamente para eliminar los personalismos y las desviaciones que nuestro proceso viene sufriendo por quienes se equivocaron y no valoraron el exacto sentir revolucionario de todos los peruanos. Confiamos en que la dirección que el señor general Francisco Morales Bermúdez Cerruti, imprima al nuevo gobierno peruano, concretice las justas aspiraciones del pueblo, la fuerza armada y las fuerzas policiales del Perú”.
Con las manos extras de los colegas de Lima resultó fácil preparar una edición especial, que se imprimió ese mismo día y vendió como pan caliente en el mitin que se improvisó en la plaza, con la presencia de Morales Bermúdez. Las organizaciones sociales de base acudieron masivamente, con los mismos cartelones del día anterior, cambiaron la palabra “Chino”, por “Pancho… contigo hasta la muerte”.
Las fotos que acompañan esta nota fueron tomadas en la presentación de la tercera edición de “EL Tacnazo de Morales Bermúdez”, hace unos días en el local del Colegio de Periodistas.