Por: Zuleika Benel Zevallos. Regidora de San Isidro.
San Isidro fue el primer distrito del Perú en apostar por un sistema de transporte público eléctrico. Y sí, es un orgullo decirlo. Pero el verdadero liderazgo no se mide solo por ser pionero, sino por la capacidad de sostener y profundizar ese avance cuando la novedad se acaba y empieza el trabajo serio.
Hoy, la movilidad sostenible ya no es un concepto importado ni una promesa a futuro. Es una urgencia local. Lima respira mal, se mueve mal y pierde calidad de vida cada día que postergamos decisiones estructurales.
Desde 2022, el Expreso San Isidro demostró que el transporte público puede ser limpio, silencioso y eficiente. Los buses eléctricos no emiten gases contaminantes ni ruido, y eso no es un detalle menor: cuando la ciudad deja de sonar y de contaminar, el vecino lo siente. La sostenibilidad no es un discurso técnico, es una experiencia cotidiana.
Pero seamos honestos. Tener buses eléctricos es solo la mitad del camino. Sin infraestructura adecuada, la electromovilidad corre el riesgo de quedarse en una buena foto y no en una política pública sostenible.
Si San Isidro quiere consolidarse como un distrito modelo y si Lima aspira a replicar esa experiencia necesitamos invertir en infraestructura energética moderna. Una electrolinera municipal de vanguardia no es un lujo ni una excentricidad tecnológica: es una necesidad operativa y estratégica.
No se trata de “poner enchufes”. Se trata de implementar sistemas de carga inteligente que dialoguen con la red eléctrica, optimicen horarios de consumo, eviten sobrecargas y reduzcan costos operativos. Cuidar el medio ambiente también implica cuidar los recursos públicos.
Las estaciones con cargadores de Corriente Continua (DC) de Nivel 3 permiten cargar hasta el 80% de un vehículo en menos de 30 minutos. Esto es clave para que el transporte no se detenga y el servicio funcione sin excusas. Además, la tecnología actual protege la vida útil de las baterías y garantiza compatibilidad con distintos tipos de vehículos eléctricos, públicos y privados.
A ello se suma el monitoreo mediante sistemas inteligentes (IoT), que permiten anticipar fallas antes de que ocurran. La buena gestión no improvisa: previene.
El transporte eléctrico en San Isidro fue un inicio valiente. Ahora toca dar el siguiente paso con la misma convicción. No permitamos que la falta de infraestructura frene una transformación que ya comenzó.
La ciudad del futuro no se construye con slogans, sino con decisiones técnicas, sostenidas y responsables. San Isidro ya dio el ejemplo. El reto ahora es no retroceder. San Isidro, ¡te quiero verde!