En el marco del Día Mundial del Emprendimiento (16 de abril), dos historias de bodegueros peruanos reflejan cómo los pequeños negocios no solo transforman vidas, sino que también impulsan el desarrollo económico y social de sus comunidades.
En el Perú, emprender no siempre empieza con un gran plan, sino con una decisión cotidiana: abrir una puerta, levantar una reja y apostar, una vez más, por salir adelante. En cada barrio, miles de bodegueros convierten esa decisión en una forma de vida, sosteniendo no solo sus negocios, sino también el dinamismo de sus comunidades.
En el país existen más de 500 mil bodegas, muchas de ellas familiares, que cumplen un rol clave en la economía local y en el tejido social de los barrios. Más de 330 mil de estos puntos de venta han vendido las bebidas del portafolio Coca-Cola, formando parte de una red que conecta a millones de peruanos a nivel nacional.
Este alcance refleja una operación profundamente arraigada en el país. A lo largo de los últimos 90 años, el Sistema Coca-Cola ha acompañado el crecimiento de los bodegueros, impulsando su desarrollo a través de iniciativas lideradas junto a su socio embotellador, Arca Continental Lindley. Programas como la Escuela de Negocios Coca-Cola buscan fortalecer tanto las habilidades técnicas como las capacidades de gestión de los emprendedores, brindándoles herramientas prácticas en temas como finanzas, liderazgo, digitalización y exhibición.
Kapuy Market: honrando un legado familiar
En Pueblo Libre, Junior Estelita aprendió desde niño el valor de abrir temprano y cerrar tarde, entre botellas y anaqueles. Su bodega familiar inició hace 25 años como un sueño de sus padres, pero fue hace tres años que decidió asumir el liderazgo del negocio y transformarlo. Así nació Kapuy Market. "Quise devolver a mis padres todo lo que hicieron por mí, dándole al negocio un ADN propio, apostando por la tecnología y nuevos medios de pago", cuenta.
Hoy, el emprendimiento es también un proyecto familiar. Cada integrante cumple un rol, mientras Junior lidera la estrategia y la presencia digital del negocio, conectando con nuevos consumidores desde plataformas como TikTok.
Sin embargo, Junior también recuerda los sacrificios y dificultades. “No es lo mismo trabajar para otros que trabajar con el dinero que tu familia confía en ti”, dice. Tuvo que capacitarse y aprender sobre el negocio digital y diseño. Fue en ese proceso que se integró a la Escuela de Negocios, que lo apoyó desde lo operativo hasta lo estratégico: desde el equipamiento hasta la formación continua.
Hoy, como embajador de la iniciativa, lleva ese mensaje a más emprendedores: el de que pensar en grande sí es posible. “Si vas a tener una bodega, conviértela en la mejor de tu zona, luego de tu distrito, y por qué no, en la mejor del Perú. Pero para eso hay que capacitarse, trabajar duro y aprovechar cada oportunidad”, expresa.
Bodega Breysi: una historia construida de la mano
En San Martín de Porres, Sonia Chávez ha construido, junto a su esposo, mucho más que un negocio. Desde hace más de dos décadas, la Bodega Breysi es el resultado de un esfuerzo compartido que nació con un objetivo claro: sacar adelante a su familia. “Queríamos construir algo propio, algo que nos permitiera estar más cerca de la familia, en ese entonces ya teníamos a mi primera hija, ya luego vino la segunda”, cuenta.
Ese esfuerzo ha dado frutos. Sus hijas han podido desarrollarse profesionalmente y hoy representan el principal orgullo de Sonia. “Todo lo que tenemos, nuestra casa, nuestros viajes, nuestras metas cumplidas; han sido gracias a este trabajo, a la bodega, y a no rendirnos nunca”, señala.
Como muchos emprendedores, ha enfrentado momentos difíciles: inseguridad, días de baja venta y largas jornadas sin descanso. Sin embargo, su mayor logro es haber perseverado. “Seguir adelante. Esa es nuestra historia”, resume.
A lo largo del camino, también ha encontrado aliados. “Coca-Cola fue la primera empresa que confió en nosotros. Nos dio nuestro primer equipo de frío y eso nos ayudó a exhibir mejor, a vender más, a crecer”, recuerda. Hoy, su bodega sigue siendo un punto de encuentro en el barrio: un espacio donde no solo se compra, sino también se conversa, se comparte y se construyen relaciones.
Impulsando el desarrollo desde cada barrio
Historias como las de Junior y Sonia reflejan una realidad mayor: el emprendimiento desde el canal tradicional es un motor clave del desarrollo en el país. Cada bodega genera ingresos, dinamiza su entorno y fortalece el tejido social de su comunidad. Así, en cada barrio del Perú, miles de historias como estas siguen impulsando el desarrollo del país, todos los días.