Miscelánea

La poesía que habita en mí

In memoriam María Josefina Zapata

Recuerdo que el primer poema que escribí, a los 17, fue bajo la influencia directa de Pablo Neruda y sus ardorosos versos de Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Por ahí debe andar. Hacia los 22 años empecé a asistir a los talleres de poesía del maestro Eduardo Rada en Miraflores. Tuve la suerte de ver a Alejandro Romualdo como invitado. Incluso hoy en día lo aprendido —y apuntado— me sirve para dictar mi propio taller en mi querido barrio de Salamanca. Nunca pensé, cuando comencé a pergeñar versos, hace tres décadas, que un día iba a dictar un taller para un grupo de chicas amantes de la poesía. ¿Afortunado? Claro que sí. Fue en el 2021 cuando me di cuenta de que, a pesar de haber padecido un feroz ataque de ansiedad y estar con otros problemas, la poesía puede servir como una aliada estratégica para la salud mental y alivia algunos gastos del hogar. Quedé como finalista en un par de concursos y fui retribuido económicamente. El año pasado recibí un premio de las manos de la primera actriz Delfina Paredes. Asimismo, la poesía me ha seguido dando satisfacciones. Me ha permitido conocer a excelentes amigos. He conocido a escritores de la talla de Leoncio Bueno, Feliciano Mejía, Juan Cristóbal, Antonio Cillóniz, Rosa Carbonel, Julia Wong, etc. Junto con Feliciano, Mary Soto y otros, quien suscribe participaba en un grupo de poetas hace unos años. Ahora integro Vértice de tinta y Korriente A. Tengo la inmensa suerte de conservar a mis amigos de infancia y son mis amigos poetas los que me han acompañado en estos últimos años sombríos y felices. Una de cal y otra de arena, ya lo sabemos. Esto es invalorable. Dos de mis amigos escritores me animaron a redactar mi primer libro de investigación. Uno de ellos me dio el impulso que solo los verdaderos amigos saben dar.

Recientemente, mi hija de 10 años escribió un haiku con todas las de la ley (tres versos y diecisiete sílabas). Es una niña muy despierta. Mi hijo mayor es un jovencito ecuánime y muy culto. Felizmente, no les heredé esta neurodivergencia. Por momentos, siento que he vivido muchas vidas y en todas no he quedado muy bien parado. Este proceso de aceptación no es fácil. No obstante, tengo una poderosa aliada para hacer una catarsis y una profunda crítica de mi entorno social. Gary Snyder, Leoncio Bueno, Emilio Saldarriaga, Sarina Helfgott, Sylvia Plath, García Lorca y tantos más me siguen interpelando y deslumbrando como la primera vez. Por otra parte, las voces de mis ancestros me siguen acompañando en este sorprendente viaje.

Márlet Ríos



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