Miscelánea

Leoncio Bueno. Pastor de truenos y la solidaridad de los runas

La primera vez que conversé con Leoncio Bueno fue cuando lo abordé, poco antes de iniciarse un homenaje que le daban en la UNI en el 2008. Lo saludé y le alcancé un ejemplar del periódico anarquista Humanidad, en el que yo escribía. Años después, en marzo de 2014, pude visitarlo en su casa de Tablada de Lurín. Su amplio jardín era realmente encantador. Aquella vez pude disfrutar de las grandiosas dotes de conversador del legendario poeta y sindicalista, cofundador del Grupo Intelectual Primero de Mayo en 1956. Lo que más me cautivó fue su risa dionisiaca y rotunda. A pesar de su edad, recordaba fechas y personajes de su intensa vida: formado por anarcosindicalistas en La Libertad, se hizo aprista (del PAP auroral), luego pasó al Partido Comunista y, al ser expulsado de este, devino en trotskista (fundó con otros el primer grupo trotskista entre nosotros). De hecho, se animó a cantar una vieja canción de la Juventud Aprista. A mí me preguntó si yo era el que escribía poemas en la última página de Humanidad. Era cierto, a causa de su influencia y de Primero de Mayo, así como del grupo Liberación (fundado en Talara en 1956), yo me reclamo heredero o tributario de una tradición específica en la poesía peruana, que incluso viene desde comienzos del siglo XX, cuando se empezaron a formar las primeras sociedades de resistencia y las bibliotecas obreras. Yo veo a la poesía como una recusación sociohistórica a la estructura básica decadente y a la república bananera que siempre fue nuestro país. ¿Poesía escrita para señoritos y ladies de la clase media? De ninguna manera. Me causa estupor y algo de sorna (vergüenza ajena) la pretenciosidad y la vacuidad que predominan en una gran parte de los poetas peruanos contemporáneos. Escriben como si nunca hubieran salido de su cuarto.

Hoy el maestro de la Santa Anarquía ha partido. Ya no lo visité otra vez, pero pude charlar por teléfono con él un par de veces y me sorprendió su memoria extraordinaria, que recordaba hechos suscitados hace varias décadas, como aquella gira de propaganda que hicieron dos anarcosindicalistas chilenos por La Libertad cuando él era un chiquillo inquieto en la hacienda Facalá, a fines de la década de 1920. Hace un par de años, unos amigos y quien suscribe organizamos un evento prosalud del autor de Al pie del yunque, Pastor de truenos, Invasión poderosa, etc. Se alcanzó la meta y las muestras de solidaridad fueron numerosas. Estas llegaron de sus compañeros trotskistas, de sus lectores, de jóvenes activistas de izquierda, de unos cuantos poetas (los más solidarios) y de muchas personas anónimas. Yo seguiré siendo inspirado por sus poemas libertarios, tan contundentes como una patada en la ingle de un gerifalte prepotente.

Márlet Ríos



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