¿Quién es Márlet Ríos?
Soy un escritor piurano (talareño para ser más exacto), radicado en Lima ya hace bastante tiempo. Soy también investigador social y editor. El año pasado publiqué asimismo mi primer libro de investigación sociohistórica. Aunque soy más conocido como poeta, hace poco he lanzado un libro de narrativa que tiene ocho relatos, ocho cuentos breves. Hace varios años me fui posicionando, publicando mis primeros poemas en revistas universitarias, tanto de San Marcos como de la Universidad Católica. De alguna manera, a través de este libro de literatura breve, estoy retomando y reencontrándome con la narrativa, pues yo siempre he escrito relatos breves, desde mi época de estudiante universitario, a veces incluso como catarsis.
¿Qué tanta diferencia hay entre escribir poesía y escribir relatos?
Hay analogías, hay muchas analogías ya que se requiere la musicalidad, el rigor, la claridad y para un narrador también se requiere disciplina. Yo recuerdo que hace poco dicté un taller de redacción creativa y en el taller yo mencioné un libro de Vargas Llosa, Cartas a un joven novelista, y en el libro se dan algunas sugerencias, algunos tips para los jóvenes que quieran empezar a escribir. Así, Vargas Llosa menciona una anécdota sobre Gustave Flaubert, cuando este terminaba de escribir un texto, salía a pasear por París y empezaba a leerse en voz alta lo que había escrito, ello con el fin de escuchar con claridad lo que había escrito… la musicalidad, escuchaba qué tan musical y agradable al oído sonaba el texto, se trata de una técnica para mejorar el texto y que yo también aplico.
¿Escribir es una forma de cantar?
Sí, de hecho, buscar la musicalidad y el ritmo es una técnica que varios aplican y allí está el trabajo del poeta, porque una cosa que alguien escribe de buenas a primeras no se puede considerar poesía: hay que encontrar la musicalidad, la cadencia, el swing como se podría decir hoy en día.
¿A qué tipo de obra debemos considerar poesía?
Una muy buena pregunta, más allá de la métrica, o la rima, en todo caso, a las que hoy muy pocos poetas recurren, está la obra en la que se conjuga el rigor y la emoción, la fuerza y la pasión, concentradas en un espacio de alta densidad. La poesía es una de las artes más sublimes que debería obedecer a leyes muy internas del propio ser humano, también —desde mi punto de vista— hay que considerar factores sociohistóricos, ya que el poeta no puede escapar de su realidad concreta.
¿Qué sería de una sociedad sin poesía?
Sería una sociedad muerta o deshumanizada, sin belleza. Así, una sociedad sin poesía sería una sociedad completamente robotizada. Lamentablemente, en otros lugares ya estamos viendo ello, con el desarrollo de la tecnología de punta o de la inteligencia artificial.
¿La inteligencia artificial podrá escribir poesía?
Ya lo está haciendo, es algo alucinante, incluso algunos investigadores o ensayistas recurren a la inteligencia artificial con total arbitrariedad y hay un problema ético ahí. Así, cuando se traspasan esos límites se cae en la inautenticidad de la investigación, ya que cuando se investiga se trabaja en el planteamiento del problema, en el estado de la cuestión y en la redacción en sí, en el marco teórico, para que haya consistencia y se contraste la hipótesis de trabajo. Se deben tener claras las ideas que vamos a plasmar en nuestra investigación. De tal manera que yo cuestiono a las investigadores o escritores que recurren a la inteligencia artificial sin ningún criterio, con total irresponsabilidad. Soy editor y corrector de estilo y me doy cuenta de que algunos seudoinvestigadores no pueden vivir sin la inteligencia artificial, que prácticamente hace todo por ellos; así, caemos en la falta de creatividad del escritor, ya que un investigador independiente o de alguna institución debe mostrar en la cancha lo que vale y hacer lo que se espera de él: libre investigación y ser riguroso.
¿Escribir es tan humano como darle de comer a tu mascota?
Para mí es una necesidad casi imprescindible. Yo no podría vivir sin escribir cada día, ya sea poesía, un ensayo o una crónica. En mi trabajo, muchas veces me he arriesgado a que me pillen con las manos en la masa mi jefe y el dueño. Creo que a mucha gente le pasa ello, así a diario escribo uno a tres versos y también textos sociopolíticos para un portal conocido.
¿Vargas Llosa es el peruano que más ha aportado a la literatura?
Yo lo considero un maestro. A los 16 años, en quinto de secundaria, me animé a leer La ciudad y los perros, ello antes de ver la película y así me tomé varios meses en leerla. Luego, a los 19, leí La Casa Verde y con ese libro me metí un viaje increíble, mucho antes de conocer la Selva con toda su exuberancia y su magia particular.
¿La literatura es un viaje?
Sí; es un viaje que nos lleva con la imaginación a confines a los que nunca creímos haber llegado y allí está la maestría de los grandes escritores como Vargas Llosa, Arguedas, Ribeyro, Vallejo y otros.
¿A Alfredo Bryce Echenique cómo lo consideras?
También como a un maestro, soy hincha de su literatura, que es indesligable del humor y la ternura. No me esperen en abril es una obra extraordinaria. Otro de mis grandes referentes es también Oswaldo Reynoso con su obra Los inocentes. De hecho, uno de los epígrafes que coloqué en mi libro de relatos lo extraje de El escarabajo y el hombre. Te diré que yo estudiaba Electrónica digital en Cibertec, en su antiguo local, antes de ingresar a San Marcos y fue mi profesor de Lenguaje II —el poeta Rafael Dávila Franco, cercano al grupo Kloaka, hoy radicado en Estados Unidos— el que nos hizo leer Los inocentes y con ello me terminé de convencer de que las humanidades y las letras eran lo mío, no la ingeniería. Yo quería seguir, de alguna manera, los pasos de mi padre que estudió Ingeniería de petróleo en la UNI, aunque no resultó. Luego, estudiando Sociología, me iba a la Facultad de Letras y vi las convocatorias para escribir en revistas de poesía tanto de San Marcos, como de la Universidad Católica. Así empecé a publicar mis poemas en revistas de estudiantes como Dedo Crítico, Bocanada, TXT, Ónice, etc.
¿Cómo era la convivencia entre San Marcos y la Católica?
Tenía amigos en la Católica, también me hice voluntario en la Comisión de la Verdad y era invitado a diferentes eventos tanto en San Marcos como en la Católica y hasta en la Cantuta.
Ya que estuviste en San Marcos y Cibertec, te pregunto ¿qué significa para ti el término “caviar”?
Es un término usado para atacar a la izquierda, viene de la intelectualidad europea, francesa. Allí lo que se ataca es el doble discurso de gente que está bien posicionada y con un nivel cultural muy alto que no va a renunciar de ninguna manera a sus privilegios. Aunque debo decirte que uno no elige su propia niñez. Yo mismo terminé la secundaria en un colegio pituco de Monterrico y con un capital cultural solvente, obtenido gracias a ello. En definitiva, gracias a mis padres.
Háblame de tu libro Eros en la vieja quinta y otros relatos
Son ocho relatos, uno de ellos me hizo quedar finalista en un concurso de narrativa erótica el año pasado; otro me hizo ganar los primeros juegos florales organizados por la Municipalidad de Chaclacayo en 2021. Son relatos breves que me animé a publicar bajo el sello de nuestro amigo Francisco León, sobre temas que me atrajeron desde niño: esoterismo, sociedades secretas, sindicalismo, civilizaciones antiguas, y también erotismo; de ahí el título del libro. “La liga” es un relato, por ejemplo, inspirado en los nuevos actores sociales surgido a comienzos del siglo XX en La Libertad, influenciados por el anarcosindicalismo. Lo escribí en el 2023, cuando me encontraba haciendo la investigación sobre los grupos subalternos de La Libertad, 1898-1932.
17 de marzo de 2025