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Ultras, socialdemócratas en vías de extinción y derechos humanos

Si se desea enfrentar eficazmente a la ultraderecha retardataria —y cavernaria— una opción política respetable y realista sería la alternativa socialdemócrata. Nos referimos, por supuesto, a la que defiende la economía social de mercado y los derechos humanos. Asimismo, una alianza concreta con las organizaciones de la sociedad civil sería óptima.

Los cruzados de estos lares han vociferado a favor de la salida de nuestro país de la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH). Intuyo que estos señores no tienen una noción clara de que tanto la defensa del Derecho Internacional como de los derechos humanos ponen en el centro la dignidad intrínseca de la persona humana versus las arbitrariedades del Estado. Se trata, en otras palabras, de defender al individuo contra el abuso y la prepotencia de los Estados. Políticos ilustrados y humanistas —contados con los dedos de la mano— son defensores empedernidos y consecuentes de la democracia liberal. Augusto Thornberry Naggy, diplomático retirado y hombre cultísimo, es uno de ellos y nos explicó hace unos días por qué sería un contrasentido que Perú saliera de la jurisdicción de la Corte IDH, si se les da la razón a los ultras cavernarios. Si esto pasara, todos nosotros viviríamos de facto en un Estado totalitario y liberticida. ¿Los de extrema derecha tienen un mínimo de razonamiento para llegar a esta conclusión?

Lamentablemente, la socialdemocracia por estos lares ha perdido el norte. Se mimetizó con las fuerzas retrógradas y ha dejado de defender los intereses de los trabajadores. Se volvió aliada estratégica de los malos perdedores de siempre. Es macartista también. Con socialdemócratas así, mejor reivindicarse radical, enarbolando la bandera negra del anarquismo (la de González Prada, Hermenegilda Collantes y Delfín Lévano).

Márlet Ríos



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